Judith Rodriguez, recibe por Nelson Carlo de los Santos (Cocote) (Foto: José Rafael Sosa)

SD. Los Premios Iris, que ¿organiza? Amucine, se han confirmado una vez más como un evento realizados bajo el signo caótico de la improvisación.

El evento que traté de seguir por televisión no puede ser calificado a través de la señal de Super canal 33, debido a que pudieron asumir solo a cinco días del evento, después que Antena 7 declinara. Así que no puedo evaluar la puesta para televisión.

Tengo entendido que también por el camino Claro redujo su participación a apoyo publicitario sobre todo por las redes y con las estatuillas.

Y finalmente declinó también la actriz Marta González a ser la conductora de la noche, por falta de atención, por dio haberle cumplido nada de lo que solicitó y porque ella se estaba pagando todo. ¡Así no!

¿Todos fueron malos e irresponsables, para dejársela en la uña a último momento a las pobres mujeres de Amucine?

¡Hummm! Algo aquí no anda bien. Definitivamente. Tanta gente no puede estar equivocada.

Flaco favor le hacen las organizadoras a la Ley de Cine y a la industria cinematográfica, si no son capaces de organizar, la primera, la segunda, la tercera y la cuarta edición de este evento de manera que todo pueda cuajar al final como Cream brullè.

El evento tiene fama de ser desconcertante en su hirsuta manera de atar cabos para que ocurra la magia… que no llega a ocurrir.

Lo mejor que vi en la noche fue el discurso de Judith Rodríguez, porque habló -como es ella- con el corazón en la mano.

De las peores cosas que vi, fue el homenaje a Joseito Mateo, sentido no lo dudo, pero kitsch y desafinado como si una cafetera y un sello gomígrafo intentaran cantar.

Pero la cereza de la noche fue la defensa que hizo Julissa Romualdo sobre la película Veneno, imponiendo un canon de valía por sí misma que ni Juana de Arco. Dicho con otras palabras, que las mejores películas dominicanas del nunca jamás son Nueba Yol y Veneno. Ojo, no le estoy quitando valor a ninguna de las dos películas, y tampoco le quito su derecho al gusto personal e incluso que tenga derecho a lo que ella cree que es la verdad, su verdad, pero no intente sin misericordia plantar sus gustos como pica en Flandes, en la televisión nacional, donde te ven tantas personas. Para hacer aseveraciones tan valientes justificando un Gran Premio, primero debería buscar alguien que no sea ella, que es la directora del evento, porque parecería que existiese conflicto de intereses. Y segundo, aseveraciones como esas hay que sustentarlas. La cuestión no puede ser porque a mí me gusta y sanseacabó.

Lo peor de los Premios Iris es que quieren competir con otros premios. Los premios La Silla, que son entregados por Adocine, lograron esta vez un equilibrio mayor y una practica de votos que pareció más justa.

Los Premios Iris quieren ser otros premios La Silla. Pero los Premios Iris deberían ser los premios a las mujeres, exclusivamente a a la obra de las mujeres, e incluso hacerlo con carácter internacional. Por ese camino, y lo hemos dicho en otras ocasiones, estos premios podrían tener la relevancia que ansía su creadora; reconocer a las féminas por su trabajo y tener mayores apoyos. Por falta de apoyos no ha sido. Ha tenido a su favor grandes marcas y no las han sabido aprovechar.

Tengo muchas ganas de escribir loablemente de Premios Iris, pero la desorganización del certamen y su gala no me dejan. Ojalá el año que viene, a la quinta, los Premios Iris sean lo que deben ser.

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