Hans García rodando con las medidas sanitarias necesarias (Fuente externa)

Una industria de cine no existe sin técnicos ni artistas a la altura de las exigencias de los creadores que puedan necesitar de sus servicios.

La Ley de Cine tiene un eje de doble diferencial: los artículos 34 y 39. No puede ir uno contra el otro. El artículo 39 no puede existir sin el artículo 34. Sin el artículo 34, el artículo no sería 39 sino 38 y ya no sería Ley del Fomento de la Industria Cinematográfica e República Dominicana. Sería Ley del Fomento de Rodajes Internacionales en República Dominicana. Una cosa muy distinta.

Pongamos el siguiente ejemplo: el director x va a hacer una película que costará 50 millones de dólares. X va a traer al país a su asistente, director de fotografía, guionista, continuista, director de arte, editor y los actores de la película, así como los stunts. En total 20 personas. El resto del personal lo va a contratar en el país, tanto técnico como asistentes de distintos departamentos, mas algunos actores y extras, así como choferes, A y B, etc. Digamos asistentes en distintos departamentos, camarógrafos, luminotécnicos, gafers, etc. Total 90, 100 personas.

Eso aportará al país digamos que 10 millones de dólares.

Si el país no tiene funcionando debidamente el artículo 34, que se refiere a la producción nacional, si los técnicos y artistas nacionales no se encuentran activos, funcionando, con las herramientas aceitadas y el know how debidamente actualizado, no hay artículo 39 capaz de cumplirse. Tendrán que llamar corriendo a Miami, a Puerto Rico, a Cuba, para que vengan los bomberos a salvar la situación, con la consiguiente pérdida de dinero del país. Este tipo de situaciones desestimulan el arribo de producciones internacionales importantes al país. Porque la industria es un sistema de vasos comunicantes. Allí donde mejores técnicos, actitudes y facilidades hay, allí van.

Demostración en el tanque de agua de Juan Dolio durante su inauguración (Fuente externa)

Hay que aplaudir que el Presidente Abinader respalde la industria cinematográfica y que oferte facilidades para atraer producciones internacionales que permitan al país la entrega de divisas.

El director español Agustí Villaronga imparte indicaciones mientras rueda El Rey de La Habana en San Pedro de Macorís (Fuente externa)

Siendo como es República Dominicana un país con condiciones excepcionales gracias a la Ley de Cine y los infinitos sets naturales que puede ostentar, es bueno no olvidar que existen laboratorios de Postproducción, numerosas casas productoras, estudios de primer nivel mundial, y estudios más modestos, pero estudios, técnicos de alto nivel que se han ido formando durante estos diez años y varias universidades formando especialistas para la industria cinematográfica.

La industria cinematográfica aportó el año pasado entre el 2.5% y el 2.8% del PIB, gracias a la acción combinada de los artículos 34 y 39 de la Ley de Cine. Los tecnócratas de siempre, esos que no entienden la cultura si no es con números, deberían fijarse en esos que acabamos de aportar. La industria cinematográfica es a la industria naranja dominicana, como el turismo a la economía criolla en general.

Dicho sea de paso, es imprescindible retomar la medición de la Cuenta Satélite de Cultura y realizar la Encuesta Nacional de Cultura que el exministro Pedro Vergés dejó de hacer de manera negligente y perniciosa, con lo cual se perdió el financiamiento que existía por parte del BID para hacerla. Hay que retomar todos esos hilos, acabar de sobreponernos a las pesadillas (aun faltan por salir al aire numerosos entuertos dejados en el Ministerio de Cultura por la actitud irresponsable de las anteriores autoridades) y enfilar el sector cultural, con el cine a la cabeza, hacia nuevos horizontes.

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