Cuarón con sus tres premios Oscar (Fuente externa)

SD. Steven Spielberg es ya un veterano director. Dueño de una actitud que definitivamente lo asienta en algo que se llama el pasado, a pesar de que su nombre y su obra están y estarían ligadas al futuro.

De hecho, no ha podido saborear el triunfo de Green Book, la película que empujó en una cruzada con arrolladora fuerza dentro de la Academia, para que Roma no ganara el Oscar a la Mejor Película.

Spielberg tiene el mal del salmón, nada contra la corriente.

Según IndieWire, el director hablará en la próxima reunión de la Junta de Gobernadores de la Academia (él es gobernador del capítulo de los directores), tan pronto como el mes de abril, exigiendo reglas estrictas en contra de Netflix y otros medios de streaming.

El director Steven Spielberg (Fuente externa)

Spielberg estaría «ansioso por apoyar los cambios en las reglas» que afecta la forma en que películas como Roma, con un estreno en salas de cine de tres semanas y posteriormente transmitido en Netflix, cumplen los requisitos para los Premios de la Academia.

«Steven está convencido de la diferencia entre la transmisión y las salas de cine», dijo un portavoz de Amblin, la compañía de producción de Spielberg. «Estaría feliz si los demás se unieran a [su campaña] cuando surja [el tema en la reunión de la Junta de Gobernadores de la Academia]. Verá lo que pasa».

Según la Academia, “las discusiones sobre las reglas de los premios están en curso con las sucursales. Y la Junta probablemente considerará el tema en la reunión de abril».

Sin embargo, cuando se trata de determinar exactamente qué reglas Netflix burló, o aquellas que necesitarían ser cambiadas, las cosas se vuelven turbias.

En marzo del 2018, Spielberg dijo a ITV News: «Una vez que te comprometes con un formato de televisión, eres una película de televisión. Ciertamente, si es un buen espectáculo, mereces un Emmy, pero no un Oscar. No creo que las películas a las que solo se les otorguen calificaciones simbólicas en un par de cines por menos de una semana deban calificar para la nominación al Premio de la Academia».

Fotograma de la película Roma (Fuente externa)

A lo que cabría una pregunta que remitiría a las esencias: ¿es cine o no es cine lo que se pone fuera de las salas de cine?

La campaña de Spielberg se produciría a medida que más y más directores de la lista A mundial, como Cuarón y los hermanos Coen estén haciendo tratos con compañías como Netflix, Amazon y Apple. Para los Oscar del año próximo se vislumbra The Irishman, de Martin Scorsese, como uno de los primeros candidatos, y Netflix se ha comprometido a dar una carrera teatral limitada a la película, pero es poco probable que la compañía de streaming pueda ubicarla en casi tantas pantallas como en un gran lanzamiento tradicional.

Ava DuVernay, la directora de 13th, dijo en Twitter -según la revista Varierty- que esperaba que los directores que han abrazado el streaming tengan voz en la reunión de abril.

Esto indicaría que ambos bandos pueden estar afilando sus respectivos machetes. Y que el enfrentamiento puede ser crudo y trascendente dentro de la Academia.

Entre las quejas de los duros viejos dentro de la Academia, están las siguientes, según ha enumerado IndieWire.

Netflix gastó demasiado. Un estratega del Oscar estimó que «Roma» tenía un gasto de US$50 millones, y «Green Book» apenas unos US$5 millones. (The New York Times reportó US$25 millones; Netflix insiste en que los premios se integraron en todo su presupuesto de marketing).

Los masivos «Roma» (se refiere a los filmes tipo Roma) empujan a los aplastados distribuidores de idiomas extranjeros. El copresidente de Sony Pictures Classics, Michael Barker, dijo que no tenía más opción financiera que liberar a los nominados al Oscar «Never Look Away Away» y «Capernaum» cuando los teatros se abrieron después de las vacaciones, lo que significa que menos votantes de la Academia tuvieron la oportunidad de verlos.

«Roma» sólo pasó tres semanas como una exclusiva de teatro.

Netflix no reporta taquilla.

Netflix no respeta la ventana teatral de 90 días.

Las películas de Netflix están disponibles en 190 países, 24-7.

Pero, seamos francos, los números de taquilla actualmente no tienen impacto en las calificaciones de los Oscar, y cada año las películas califican con solo una semana de presencia en las salas de cine. Mientras algunos cines proyectaron «Roma» por hasta 13 semanas.

Tal como están hoy las reglas de la Academia, Netflix no las viola. Nadie pensó cuando se hicieron que algún día existiría algo que se llamaría streaming o cuando menos Netflix. Así que hasta ahora la Academia no requiere una ventana de salas de cine exclusiva (o la ventana típica de 90 días a la que la mayoría de las salas se suscriben), ni requieren Netflix o cualquier otro total de taquilla de liberación de servicio de streaming.

Alfonso Cuarón mientras agradecía el Oscar a la Mejor Película Extranjera (Captura de pantalla)

Del mismo modo existe en parte de la industria la preocupación de cambiar las reglas para exigir una presencia en pantallas más larga, que sería más antidemocrática aún, porque afectaría a otras películas de bajo presupuesto de estudios independientes, que no tiene la posibilidad de permanecer tanto en salas de cine, a pesar de ser obras de gran calidad estética.

Hoy por hoy, ¿cuántas películas merecedoras de un Óscar, o de una nominación, no han podido ni siquiera acercarse a las salas de cine de Estados Unidos, solo porque el dinero que se necesita para promoción y hacer lobby, llega a ser casi siempre superior al de su propio presupuesto de producción, en millones de dólares?

Si un documental o una película hecha por streaming o cable premium quiere competir por los Oscar, las reglas actuales exigen una semana en cines en Nueva York y Los Ángeles con reseñas de periódicos. Muchas películas, incluida la de idioma extranjero, califican para los Oscar un año y se estrenan al siguiente.

Podría hacer que una regla de ventana exclusiva se aplique solo a los aspirantes a Mejor Película, pero eso ciertamente molestaría a un importante número de productores; incluso si no fuese probable que sus títulos llegaran a ser nominados, también es poco probable que estuvieran contentos de ver a sus películas descalificadas en base a su estreno en salas de cine.

Otras empresas de streaming vienen llegando, entre ellas Amazon Studios cambia sus parámetros de lanzamiento a un modelo más flexible; Disney +, AT&T y Apple se ciernen sobre el horizonte. Todos vivirán y morirán por atraer el talento, y para ellos los Oscar serán igualmente cruciales, dice por su parte IndieWire.

Como vemos, la cuestión no va sobre la calidad de las películas, sino el modo de ganarse el dinero, y que tú no ganes más que yo, que es lo que ocurre ahora mismo entre el modelo moribundo de las salas de cine y el modelo nuevo, no siempre simpático de streaming, donde se pierde la complicidad y el sentido colectivo de ver una película en pantalla grande y con novedosas calidades auditivas.

Sea como sea, más tarde o más temprano, ese enfrentamiento va. Y, al igual que los que hoy día se oponen a los ritmos urbanos y a la democratización (para bien y para mal) de las formas de producción musical, los spielberes y amoldóvares del cine, terminarán siendo arrollados por la maldición del imparable tsunami de los avances tecnológicos.

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