Casa de Teatro (Fuente externa)

Ya tenemos Ley de Mecenazgo, una ley que República Dominicana siempre habrá de agradecer al presidente Danilo Medina.

Así como la Ley de Cine se le debe aplaudir a Leonel Fernández, la Ley de Mecenazgo hay que aplaudírsela a Danilo Medina.

No es lambonismo. Es reconocimiento. No todos los mandatarios son capaces en este mundo de hoy, caracterizado por la deshumanización de la vida, en impulsar y provocar una ley para que la cultura de su país pueda ser impulsada también por los fondos privados.

Ahora mismo que estoy en Madrid, me entero que acaba de desaparecer la orquesta del Palau de les Arts de Valencia. El propio director indio Zubin Mehta, una de las más grandes autoridades de la música mundial, que se encuentra en Barcelona, ha sentenciado: “Lo que está pasando allí es una tragedia. Junto a Lorin Maazel, creamos una orquesta maravillosa, con mayoría de músicos españoles en la plantilla, que se situó entre las grandes formaciones nacionales”. “Pero ese proyecto se ha truncado y lo lamento profundamente”.

El primer reto que encara esta ley es que cualquier futuro presidente descuide la necesidad de que el Estado respalde más que lo que hoy respalda inclusive, a la ejecutoria cultural, que realmente es poca y a veces errática.

Para que República Dominicana pueda dar el salto de desarrollo imprescindible para el cual tiene más posibilidades que ningún otro país en Centroamérica y el Caribe, necesita de una política cultural que robustezca la identidad nacional a partir de una vida cultural floreciente, actualizada, plural, incluyente, pletórica de creatividad, que sea capaz, cada vez más de aportar al Producto Interno Bruto (ahora mismo debe estar entre 2,8 y 3%, gracias principalmente a la industria del cine).

Otro gran reto es que no se desvirtúe la Ley de Mecenazgo. Que sus apoyos vayan a aquellos proyectos que realmente aporten desde el punto de vista cultural. Por ejemplo: fusionando dineros estatales y de mecenas, poder crear bibliotecas modernas, de alto desarrollo tecnológico, capaces de atraer a los jóvenes de las comunidades y barrios.

Mas ejemplos: la danza contemporánea, el ballet, las ediciones de poesía (ese género que está a punto de desaparecer), las agrupaciones de música sinfónica, exposiciones de artes plásticas, la creación de espacios de expresión cultural, casas de cultura, etc.

La mágica labor de Casa de Teatro y Freddy Ginebra solo han sido posibles gracias al tesonero esfuerzo sobre todo de instituciones privadas que le han permitido sobrevivir ya 45 años.

El Centro León De Santiago es un fiel ejemplo de lo que se puede lograr con un mecenazgo eficiente. El apoyo de la familia León Jimenes durante todos esos años ha dotado no solo a Santiago y el país de una institución cultural de referencia, sino a toda la región.

Ahora los productores y curadores tendrán que servir a la Comisión de Mecenazgo, informes muy exigentes -así como se hace en la Ley de Cine-, acerca de la propuesta de presupuesto, la relevancia cultural del proyecto, gastos, costos, en qué se utiliza cada centavo. Y luego deberán de rendir cuentas ante Impuestos Internos con informes rigurosos.

¿El teatro comercial, de comedias ligeras, debe tener espacio en la Ley de Mecenazgo? No lo creo ¿Por qué? Pues porque ese tipo de teatro es autosuficiente, produce lo que gasta y obtiene pingües beneficios.

Cabrían pues muchos ejemplos de lo que debe apoyar la Ley de Mecenazgo y lo que no.

Con la Ley de Cine y la Ley de Mecenazgo, falta un ministro de Cultura en esta nueva etapa que se entregue de manera absoluta a propiciar un salto cualitativo en los presupuestos estéticos (no hablo de dinero, sino de contenido), de una nueva Política Cultural que sea capaz de corresponder a semejantes herramientas legales logradas, y sobre todo, a las necesidades de un pueblo repleto de talentos en los parajes más remotos, que son el verdadero potencial de desarrollo.

Una población con mayor desarrollo cultural -ojo no todo el mundo debe ser artista, sino todo el mundo debe poder tener la posibilidad de aprender a apreciar las artes y la literatura- es una población capacitada para corresponder creativamente a los retos cotidianos de la eficiencia laboral, científica, técnica, deportiva, etc.

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