Una de las más interesantes, refrescantes y creativas propuestas en Dominicana Got Talent ha sido la de José Hasbún.

Realmente, de algo que puede parecer un poco de malabarismo con la voz y los ritmos, el beatbox, ha logrado impresionar al mostrar los nuevos caminos que pueden enriquecer esa manifestación musical salida del mundo de la cultura -esta sí es una cultura, no la del reggaetón- hip hop.

Mezclar un coro de ocho voces haciendo un tema icónico de Queen, con distintas capas de sonido, además de su voz, es un acto de imaginación fecunda.

El Beatboxing es una forma de sonido vocal gracias a la capacidad desarrollada para producir ritmos de cualquier tipo, compases y sonidos musicales utilizando la propia boca, nariz, labios, lengua y voz. ¿Será un don o una capacidad aprendida?

Como quiera, es algo que incluye canto, imitación vocal del turntablism, es capaz de simular instrumentos de madera, cuerdas y otros, esencialmente rítmicos. El caso de José Hasbún es el de un joven cuya mayor influencia es la música electrónica.

Jacob Collier es un virtuoso de este tipo de música. En su caso, además de la voz utiliza y toca diversos instrumentos y crea loops que va colocando como capas de música con las cuales sustancia todo en una propuesta llena de virtuosismo.

Pues lo que hace este joven dominicano es parecido.

Hay quienes comentan por ahí que los wawawá no dejaron pasar a José Hasbún con su propuesta, más allá de semifinales.

La diferencia entre lo wawawá y los poppis es la envidia de los wawawá contra los poppis, y detrás de ambos modelos se esconde el racismo, con su mano de hielo. Lo wawawá es lo superficial, mediocre, vulgar y escatológico. Lo poppie es al menos un poco más limpio, más ingenuo, su desventaja es que se siente disminuido por ser blanco y de clase media alta o clase alta.

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