Eduardo Selman, ministro de Cultura (Fuente Externa)

SD. La Cultura claro que es todo lo creado por la Humanidad. Pero cuando hablamos de Cultura nos referimos por definición a la cultura artística. Esta ha sido vista históricamente como una carga para el Estado. Justamente lo que nos diferencia de los animales, es lo que ha sido y sigue siendo una obsesión de los tecnócratas.

Llámese tecnócratas a aquellas personas que saben mucho de números, que funcionan únicamente con el chip de la rentabilidad y la competitividad.

Para estos seres la existencia de una orquesta sinfónica, un coro nacional, una compañía nacional de ballet o danza contemporánea, una compañía de teatro, ópera o zarzuela, una biblioteca, un museo, una galería de arte, son un fardo pesado para el erario público.

A la larga, los tecnócratas son los que quieren apretar el gatillo de la pistola que desenfundan los políticos cuando escuchan la palabra Cultura, parafraseando a Goebbels.

Para que un país avance, evolucione y se desarrolle, debe haber una plena comprensión de la importancia de la Cultura. Y tiene que haber una Política Cultural definida, proyectada hacia el futuro. Me ha llegado al oído que en enero habrán gratas sorpresas en ese sentido.

Tienen que existir funcionarios de la Cultura que comprendan cabalmente esto. Un leve error en la Cultura, perdura muchos años. Y tiene que existir una clara voluntad de activar y desarrollar las industrias culturales para que el sector siga aportado cada vez más al Producto Interno Bruto.

Entre los errores graves cometidos por el anterior ocupante de la cartera, hoy embajador en Canadá, está el gran «logro» de convertir la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo en una pecera elitista y hartarse de que le ahorró al país 80 millones de pesos… sacrificando con ello la participación en esa gran vitrina que era de otras manifestaciones del arte, y de figuras internacionales de primer orden que habían sido, hasta ese momento, el gran atractivo de la feria, mirando hacia afuera.

Cuando el presidente Medina tomó la decisión de traer del consulado de Nueva York al arquitecto Eduardo Selman, escribí un Criticarte que titulé «Detrás de mi el diluvio», debido a los errores cometidos por el anterior ministro, que hizo tanto daño, que aún hoy siguen repercutiendo. Sépase que por su feliz «logro» de «ahorrarle» al país 80 millones al reducir la feria, sacrificó también el futuro de la Cultura, pues en el Presupuesto del año próximo esos 80 millones que él ahorró, no están. O sea, son 80 millones menos en el presupuesto de la Cultura.

En aquel momento la admirada editora, hoy directora general del Libro y la Lectura, me escribió amablemente un mensaje que reproduzco textualmente: «Debería darte vergüenza tantas mentiras y manipulaciones que escribes y difundes». Huelgan los comentarios.

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