Cada vez que abro la puerta de mi apartamento, después del elevador, hay una reproducción de Las bodas de Caná, de Paolo Veronese un pintor italiano de los principales del Manierismo italiano. Es una obra de fe, un anhelo de sobrevivencia ante las inclemencias que pone ante nosotros la vida. La fe es la energía capaz de mover el planeta. Rompe las leyes de la física, pone de rodillas a los más poderosos y es una de las motivaciones más fuertes de la creación artística. Bajo su luz se han creado algunas de las más excelsas obras universales, la fe, la creencia religiosa está en las primigenias creaciones humanas, desde las pinturas rupestres de las Cueva de Altamira, hasta la Venus de Willendorf, porque cada uno tenía la intención de aprehender la caza o la fertilidad para poder sobrevivir. Desde La última cena de Leonardo Da Vinci, hasta la Creación de Adán, de Miguel Ángel o desde la Adoración de los Magos de Rubens, hasta el Ave María de Schubert. Desde Nuestra Señora de la Encarnación, Catedral Primada de América, con el retablo de la Santa Reliquia, tal vez la mayor expresión barroca en el arte religioso dominicano, hasta Los Santos de Palo de Bonao, pasando por canciones como Las Avispas de Juan Luis Guerra, Por ti peleo yo, de Isabelle o Si puedes creer de Lilly Goodman.

Héctor Acosta «El Torito» -metido de lleno en la recta final de sus aspiraciones políticas-, ha aportado en medio del confinamiento una canción diferente a lo que nos tiene acostumbrados, una canción del hombre de fe en Dios: «¡Yo sé!».

La canción fue lanzada el 4 de mayo pasado, esta semana hará un mes. Pero la doble moral y la hipocresía son grandes enemigas de la fe. Faltando tres días para llegar al mes, la canción solo acapara 11 mil 131 visualizaciones en Youtube. Si fuera un dembow o un trap de los que hablan de droga, de sexo explícito, de perrerías, de violencia, de esa parte animal de lo humano, ya tendría más de un millón.

Esos mismos que dan gracias a Dios por haberles dado dinero, supuestamente para ostentar, y que según ellos les ha dado villas y autos de lujo y joyas y mujeres hechas a la demanda y aviones, permitiéndoles salir de la pobreza a veces extrema, son los que logran los millones de visualizaciones sea mostrando muchachas semidesnudas o desnudas y comercializando la pobreza. Doble moral.

Héctor Acosta aporta una canción de fina estirpe, con un arreglo de gran lirismo y elegancia debido al talento de su director musical, Isaías Leclerc, a piano, chelo, bajo y percusión menor.

La canción es una creación de Deivy Simé. «Yo sé que todo no me va a salir perfecto / que no seré el triunfador en cada guerra / sé que soy pecador humano y con defectos / que como tú quiero escapar de los problemas / yo sé / pero Dios te pone todo en su lugar» dice el cantante acompañado del piano comenzando un crescendo que va elevándose cuando canta: «Yo sé… / que canto para darte la esperanza / que si yo puedo, tú puedes también / seré como Jesús que se levanta / aunque las cosas no me salgan bien…»

Dice que no hay mal que dure cien años «y sobre todo si lo tengo a Él». Es cuando entra el violonchelo grave, impregnando el ambiente en unas notas que invitan a la reflexión.

Se trata de una canción lograda en texto, melodía y arreglo, que merecería en tiempos mejores una regrabación con una orquesta sinfónica completa.

Esta grabación contó con Isaías Leclerc en el bajo, el arreglo y la producción, José Antonio Carrasco en el piano, Joel Ramìrez en la percusión, y Milena Zivcovic en el cello.

Tiempo al tiempo, y fe, que el mal gusto, la banalidad, la ausencia de escrúpulos y de responsabilidad social, pasarán también. A pesar de la incultura y la ignorancia, el arte de calidad siempre ha perdurado. Esta etapa no será distinta.

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