Milagros Sánchez, la autora de Cosas del alma (Foto servida)

No he leído el libro Cosas del alma, de Milagros Sánchez.

Si es por el título, no lo leería. Eso indica que el libro debió contar con un editor consciente que se fajara con la autora y le dijera «ese título es kitsch, cursi, lo más dicho desde que la poesía es poesía». Es una lástima que los autores no busquen editores para sus libros, una vieja profesión que se va perdiendo en el mundo autosuficiente y banal de la civilización de los influencers.

Pero es más lástima que el viejo oficio de poeta vaya siendo cada vez más raro (como el de fabricante de sellos de correos, o el de cocinas de carbón) debido a una cada vez más escueta cantidad de lectores, de tan ensimismados como están los mejores representantes de la civilización citada, en leer versitos más ridículos que el titulo de Milagros, que son aplaudidos por cientos de miles de lectores ignorantes y de editoriales oportunistas y traidoras a la literatura, que dan likes en las redes.

Es una lástima que no exista prácticamente crítica literaria, sobre todo porque ayuda a los escritores a ser mejores y a los lectores a perfeccionar sus niveles de lectura, a indicar rumbos, tendencias, estilos, en un mundo donde el dembow más pedestre, más grosero, elemental y deplorable es el que tiene el valor de lectura que hace cien años tenía el poema Margarita está linda la mar, de Rubén Darío. A quien está dedicada el Parque La Lira en la intercepción de las Avenidas Lincoln y Lope de Vega (ninguno de los dos dominicanos, ufff!).

Me gustaría que alguien se envalentonara e hiciera dembow con textos como este:

«Margarita, está linda la mar
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

Este era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,
un quiosco de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú…»

Y por ahí, María se va… Sin embargo, lo importante son las cosas que tiene Milagros Sánchez para decir y cómo las dice. Esas cosas del alma, íntimas, que ha querido compartir con lectores que compran su libro por Amazon, son las que a fin de cuentas valen. Cada cual vive su vida a su modo, y cada cual atesora historias, instantes, aromas, experiencias, canciones, golpes, despedidas, anhelos, que conforman eso que se llama Vida y que desaparece cuando la persona parte de este mundo.

Portada del libro, en Amazon

Me basta que Milagros Sánchez, la mamá de Manny Cruz y Daniel Santa Cruz haya criado dos personas de bien, que aportan, que son dos artistas destacadísimos -que coinciden en sensibilidades y en laboriosidad, en entrega y espiritualidad, aunque cada uno vive, canta y expresa sus experiencias a su estilo-, para saber que Migaros tiene cosas buenas, nobles, importantes que decirnos.

Así que quiero obviar el título y comprar el libro (a la venta en Cuesta o Mamey) y leerlo. Sé que Milagros es poeta. Ha hecho poesía con sus hijos. Y si escuchamos la Grammyficada canción Bajo la lluvia de Daniel, y sabemos que ahí hay letra suya, imaginamos que Milagros es de esa intensidad feraz y poética naif, que asiste a quienes han sido bendecidas con la capacidad de convertir -como decía Martí- en milagro el barro.

No he leído Cosas del alma, de Milagros Sánchez, pero con esos antecedentes, me basta.

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