Todo arranca con una neblina que nunca desaparece del set y donde como en un sueño, Diego, vestido de mariachi (vamos, que solo le falta el sombrerón) canta uno de los clásicos de Armando Manzanero: Somos novios. El lenguaje visual se hace más nítido cuando se rodea de los violines del Mariachi Vargas de Tecalitlán. Es un arranque firme con un video clip en estos tiempos en que ya los discos no son físicos. Un arreglo rico en cuerdas, con esos violines haciendo filigranas en segundo y terceros planos. esta es la llave de esta nueva producción, Cigala canta a México, que nos devuelve al cantante flamenco más internacional de las últimas décadas.

De qué manera te olvido, es otro bolero ranchera en el que Cigala es acompañado con formato de mariachi. El tema que ha sido buque insignia de Vicente Fernández, fue compuesto por Federico Méndez, un compositor de Aguascalientes que a los 8 años ganó un premio de 100 pesos cantando en un programa al cual asistió descalzo, pues no tenía zapatos.

Algo que caracteriza este disco de Cigala, distribuido por Sony Music Latin, es la coherencia estilística, la estricta selección de temas insoslayables, por eso no podía faltar «Soy lo prohibido», de Roberto Cantoral y Francisco Dino López Ramos, que fuera grabado por la inolvidable Olga Guillot. La interpretación del Cigala arrimando su rasgada voz gitana, es digna.

Otro clásico del repertorio mexicano, popularizado por Toña la Negra es Cenizas, de Wello Rivas, que también interpretaron Javier Solís, José Feliciano, Los Panchos, Alejandro Fernández y muchos otros, consustancial en el arreglo utilizado para este disco, al primero que grabó con Bebo Valdés, Lágrimas negras. porque Cenizas pertenece a la misma línea estilística de Inolvidable, Veinte años, Vete de mi, y otras canciones de aquel antológico álbum.

Regresa al mariachi y al bolero ranchera con El gato bajo la lluvia, del compositor español Rafael Pérez Botija, tema popularizado como ranchera por Rocío Dúrcal y por la cual permanece en la memoria pública como si fuese una canción mexicana. Pero no lo es. Sirve de todos modos de homenaje a Méico que de eso es que trata este álbum.

De otro de los autores clásicos de la música mexicana del siglo XX, Alfredo Gil, fundador del trío Los Panchos, Diego El Cigala escogió el bolero Si tú me dices ven, en formato de trío. Lo cual aporta una variedad de formatos musicales muy rico al momento de pensar en un espectáculo.

No podía faltar Juan Gabriel en una de sus más trascendentales piezas: Se me olvidó otra vez con el formato de mariachi y donde de manera muy orgánica va paseando su voz rasgada de gitano visceral por sobre los violines y metales de la ranchera.

Perfidia, junto a La Sonora Santanera, me parece uno de los mejores hallazgos de este álbum, com sabor a charanga. Comienza a pura guitarra flamenca hasta que revienta el chachachá con la Sonora Santanera, que utilizará no solo el set de metales y el piano afincado de Jumitus que se siente por momentos. Entre las versiones de Perfidia recuerdo con beneplácito la del manzanillero Julio Gutiérrez y su orquesta en versión mambo. O la de Xavier Cugat, instrumental. Existe una versión de 1939, por la orquesta Havana Riverside, con la voz del tenor de Las Américas Pedro Vargas, o más acá la de Ibrahim Ferrer con Buenavista Social Club. La han interpretado el dominicano Alberto Beltrán, a duo los puertorriqueños Carmen Delia Dipini y Cheo Feliciano, el afroamericano Nat King Cole en Tropicana, la Chico O’Farrill’s All Star Cuban Band, los Billo’s Caracas Boys, Julio Jaramillo, Glen Miller, el trío Los Panchos, Pérez Prado, el tenor Alfredo Sadel, Javier Solís, Sara Montiel, Daniel Santos, Los Iracundos, Julio Iglesias, Isabel Pantoja, Paloma San Basilio, Charlie Zaa, Luis Miguel, Raphael, Josep Carreras, Ray Connif, Moncho, Fausto Papetti, La Pequeña Compañía, Paul Mauriat, el guitarrista Paco de Lucìa, el pianista de jazz Gonzalo Rubalcaba, Vicky Carr, Café Tacvba, Armando Manzanero, el trovador Pablo Milanés, el tenor Plácido Domingo, Nana Mouskouri, Andrea Bocelli y un largo etcétera. La canción del chiapaneco Alberto Domínguez (1907-1975) autor también de Frenesì, fue compuesta en 1939 e incluida en la película Casablanca, años después se convirtió en el tema central de la película española Vivir dos veces. Hacerlo de manera que pueda recordarse convierte esta joya con sabor a fines de los 50 del pasado siglo, en probablemente el epicentro de la producciòn de Jumitus.

De José Alfredo Jiménez el Cigala se mete en Vámonos, una ranchera derecha donde las haya, mariachi de por medio, canción que ha versionada por Enrique Bunbury, Lucha Villa, o La Banda El Recodo.

Justo esta canción es de las menos conocidas, así como Verdad amarga, de Concha Velásquez en un arreglo para orquesta Big Band, que comienza como un arreglo normal y al final se abre hacia un son bailable.

Otra de José Alfredo Jiménez, esta sí muy conocida es La Media Vuelta, grabado con el acompañamiento de Los Macorinos, un duo de guitarras formado por Chavela Vargas para que la acompañaran y usado recientemente por Natalia Lafourcade para el tema Tù si sabes quererme. La Media Vuelta se convirtió en un himno para las nuevas generaciones del fines del siglo XX, cuando Luis Miguel grabó y convirtió en un hit la canción que había sido grabada en los años 50 Javier Solís, Josè Alfredo Jiménez, Lucha Villa y Rocío Dúrcal, y después cantaron a duo Julio Iglesias y Eros Ramazzotti.

El disco cierra a ritmo de rumba con un Bésame mucho -también de Concha Velàsquez- donde tras arrancar con un guaguancó lo más destacable es la voz clonada en algún pasaje (recurso que después no vuelve) y el piano de Jumitus, que más me hubiese gustado con ranchera u otro formato más tradicionalmente mexicano. Esta versión es más un homenaje a Cuba (hasta con los contratempos) que a Mèxico y quizás sea la más alejada de la almendra de todo el álbum. Bésame mucho exigía desde mi punto de vista otro formato y una mirada quizás más flamenca, como lo logró en Somos novios con el mariachi, que hubiese sido una magnifica opción para cerrar. Pero de haberla hecho más íntima (por ejemplo con el piano solo de Jumitus), hubiese estado más arriba en el listado de canciones y hubiese cerrado el álbum entonces con un tema como La Media Vuelta, que está muy bien lograda.

Jaime Calabuch «Jumitus» es a Diego El Cigala, lo que Sancho Panza al Quijote: su eterno escudero (aunque físicamente también), su eterno pianista y director musical. Hay una simbiosis entre ambos amigos que ya recorre muchos años de empatía musical y personal. El piano de Jumitus, tiene esos aires invictos de Lilí Martínez, de Enriqueta Almanza y de Bola de Nieve, y esta vez no es centro en un álbum de El Cigala, aunque el músico sí es el productor del disco que tiene los grandes espacios de aire limpio en aquellos temas arreglados en formato de rancheras o boleros rancheras con mariachis.

Con Cigala canta a México el gitano de Punta Cana corrobora que se ha convertido en un conector de culturas, en un recolector de sentimientos, en un vector de fusiones de lo flamenco con el bolero, el latín jazz, el tango, el son, la salsa y ahora -mariachis de por medio, tríos, sonoras y otros formatos-, entrega una revisitación refrescante de canciones antológicas del repertorio mexicano. Un gran homenaje a una gran cultura, a través de algunos de sus más relevantes autores. Uno de los mejores discos de Cigala, desde Lágrimas negras. Su décimo primera producción de estudio, después de Undebel (1998), Entre vareta y canasta (2000), Corren tiempos de alegría (2001), Lágrimas negras (con Bebo Valdés) (2003), Picasso en mis ojos (2005), Dos lágrimas (2008), Cigala & Tango (2010), Romance de la luna Tucumana (2013), Vuelve el Flamenco (2014) e Indestructible (2016); y dos discos grabados en vivo Directo en el Teatro Real (2003) y Blanco y negro en vivo (2004).

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