Fernando Lázaro Carreter linguista y académico, último defensor del idioma (Fuente externa)

El gran Fernando Lázaro Carreter, aquel general de la lengua castellana que desde las páginas de El País nos legó El dardo en la palabra, llegó a mi en un ejemplar de El nuevo dardo en la palabra que me prestó el poeta cubano Raúl Rivero, cuando yo vivía en aquella casa habitada por la música con balcón a la calle Salud, en Centro Habana. Todo eso fue en un el ayer que hoy es el hace mucho. Lamentablemente el libro tuve que devolvérselo al poeta después de leerlo par de veces.

Carreter era dueño de un estilo chispeante y muy inteligente para exponer los por qué de cada cosa en asuntos del idioma, al cual defendía con gallardía y denuedo. Mucho me temo que Carreter respingaría en su tumba si se enterase de lo que acabo de leer en una nota de prensa.

El Ministerio de Cultura ofreció a estudiantes y profesores de San Pedro de Macorís, como parte de la Jornada Anual de Conferencias sobre Identidad Dominicana Cultural, la conferencia “Elementos de la identidad lingüística de los dominicanos”, dictada por la doctora en Estudios del Español, Lingüística y Literatura, Ibeth Guzmán, quien aseguró que «nadie habla un mejor o peor geolecto, sino que cada uno contiene la identidad lingüística de miles de habitantes, por lo que tiene que tomarse en cuenta el contexto para decidir el sociolecto que emplearemos, según la necesidad comunicativa del momento».

Los dos libros pilares de Carreter (Fuente externa)

Geolecto es una variedad de una lengua o dialecto hablada en una zona geográfica muy determinada, y sólo en esa zona. Y sociolecto la manera específica de hablar, propia de las personas que pertenecen a un mismo grupo sociocultural.

Eso me parece bien, y sobre todo planteado bien bonito para que los neófitos no entiendan bien en qué dialecto (Variedad de una lengua que se habla en un determinado territorio) le están hablando. Pero así planteadas las cosas son un riesgo.

Desde el punto sociológico podemos estar frente a un ejemplo de populismo lingüístico, definido como una disputa por darle una forma clasista a esos contenidos simbólicos que conforman el folclore, la nación, la religión, la identidad nacional, etc., recordando que “El populismo consiste en la presentación de las interpelaciones popular democráticas como conjunto sintético-antagónico respecto a la ideología dominante”, según plantea Ernesto Lanclau en su Política e ideología en la teoría marxista. Capitalismo, fascismo, populismo, (México, Siglo XXI, 1978).

Dicho así como supuestamente lo expresó la doctora, según la nota de prensa, quienes la escucharon, sobre todo los estudiantes, pueden pensar que eso les da derecho a expresarse como les dé la gana en cualquier sitio, ya que «nadie habla mejor o peor geolecto». Ella aclaró que «tiene que tomarse en cuenta el contexto para decidir el sociolecto que emplearemos». Pero eso no basta.

Estamos asistiendo a la cualquierización populista del idioma castellano. A su más acelerado deterioro. No es que nos opongamos -para nada- a la evolución, a la posibilidad de asumir nuevos giros, vocablos, etc. No. La cuestión radica en la prostitución absoluta de la lengua en que nos expresamos. En su anulación, en nombre de un principio populista.

Son exactamente los jóvenes quienes tienen en sus manos la capacidad para mantener el idioma, en medio de un mundo en el que las abreviaturas, la síntesis, la rapidez de los mensajes, a través de los celulares, han hecho de que prácticamente exista un paralenguaje, que desdibuja la lengua española a nivel de garabato.

Cabina radial (Fuente externa)

¿Podrá entender alguno de los jóvenes que la escuchó que hay derecho para hablar como a uno le da la gana -como ocurre en los medios radiales y televisivos- donde diariamente vemos muchos «pencos» de ejemplares (según la acepción de San Juan de la Maguana) diciendo «mi vida es un intelcambio desde el seso, teni,…», o esta otra perla: «me gustó el tlato de la pelsonas». Ambas dichas entre otro florilegio de disparates, por un «comunicador» en un programa radial.

O cuando desde el presidente hasta los catedráticos, empresarios y artistas dicen «de gratis», en vez de decir «gratis», a secas, como debe ser. Y eso no es parte de ningún geolecto o sociolecto, eso es sencillamente un error gramatical.

Hay mucha tela por donde cortar, y aunque tiene razón la doctora en que la manera de expresarse depende del momento y el lugar en que se comunique uno con los demás, lo mejor en estos tiempos es no darle más alas a la mediocridad y la incultura.

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