Carlos, Joaquín, Paola y Chapuseaux, al final de la obra (Foto: Alfonso Quiñones)

La estatura actoral de Carlos Sánchez es mayor ahora que antes de El Cavernícola, eso lo sabe él mismo. Una hora y media de monólogo le hacen al actor exigirse y sacar todos los recursos técnicos y sensitivos necesarios para llevar la obra hasta el final, él solo, sin la ayuda de ningún otro actor en escena.

El hecho de venir del stand up comedy le suma a Carlos contar con mañas, o dicho de otro modo herramientas, provenientes de esa técnica, para mantenerse a flote, como son el poder de improvisación y la capacidad de provocar la hilaridad.

Carlos Sánchez demuestra que sus posibilidades crecen en la actuación (Foto: Alfonso Quiñones)

El monólogo es dentro del teatro un género bastante difícil, en el cual se prueban los actores de valía, justamente por eso, nadie viene a sacarte las castañas del fuego si se te olvida una línea. No hay nadie a tu lado que te dé la mano. Solo son el actor y el público. Luego, enamorar al respetable desde el primer minuto al último de los 5400 segundos que dura son una heroicidad que solo se ven coronados con el aplauso y la ovación en el mejor de los casos; en el peor en un aplauso tibio y breve, que duele y lacera.

El Cavernícola no es un stand up comedy, es un monólogo teatral creado por el dramaturgo irlandés Rob Becker, con una estructura diferente al género en el que reina Carlos Sánchez dentro de República Dominicana. El monólogo humorístico, como es el caso de esta obra, además de contar una historia con autenticidad e inhibición, provoca la carcajada y la reflexión, o ambas a la vez, por una simple razón: sus planteamientos son tan rotundos que en ellos el público se ve reflejado desde que termina el video introductor hasta que se apagan las luces y comienzan los aplausos.

Carlos ante la Venus de Willendorf caricaturizada (Foto: Alfonso Quiñones)

La puesta en escena de Manuel Chapuseaux es ágil, minimalista, con un efectivo movimiento escenográfico, a la vez que el personaje y su esposa ausente del escenario llenan el espacio teatral. Me parece un magnífico recurso el personificar los personajes de apoyo en Paola, su esposa en la vida real, y hasta en un amigo tacaño. Estos comodines, además de permitirle contar al actor con apoyos reales, le aportan congruencia y veracidad a lo que cuenta, porque su discurso tiene que ver justamente con las relaciones entre parejas, algo común lo mismo en Madrid y Bilbao, que en La Romana o Lima o Ulán Bator o Ouagadougou o Toronto.

La precisión en las entradas de las luces, o el sonido, son vitales, y entran cuando deben entrar y se van cuando está planificado. El video inicial es una herramienta brutalmente eficiente, pues de golpe y porrazo nos sitúa de qué va la obra. Y de ahí en adelante es un aluvión de carcajadas que los espectadores ni se imaginan. Magnífica la caricaturización de algunos símbolos de la evolución de la civilización como la Venus de Willendorf con su esteatopigia característica, o los bisontes de la Cueva de Altamira.

Otro momento de la obra (Foto: Alfonso Quiñones)

El Cavernícola es una de las más delirantes historias del hombre y la mujer en su relación cotidiana, desde los orígenes hasta ahora. Un dibujo hiperrealista del hogar de todos, de la vida de todos, con una mirada siempre burlona y hasta caricaturesca del hombre y la mujer y la convivencia, pero con cariño.

Creo que Carlos sabe que esta obra marca un antes y un después en su carrera, y que El Cavernícola lo va a perseguir durante buen tiempo.

Honestamente no creo que haya un comediante que pueda ganar el próximo Soberano a Carlos Sánchez, por la complejidad de su trabajo y las toneladas de carcajadas que provoca. AL menos lo que he visto hasta ahora. Sería muy edificante que todos los que se dedican al difícil arte de hacer reír vayan a ver El Cavernícola los próximos días en La Romana o cuando lo vuelvan a poner en cartelera en Escenario 360.

Reverencia al público entre aplausos (Foto: Alfonso Quiñones)

La producción es de Joaquín Geara, quien ha logrado establecer -así como los lunes de Jet Set-, un nuevo día para su Escenario 360: los jueves. Y la noche de este jueves no cabía un alpiste. ¡Éxito total! Después de La Romana se van a Nueva York.

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