Existió un tiempo en el que éramos normalmente felices y no lo notábamos. Estábamos preocupados y ocupados, unos en hacer crecer las cuentas del banco desmesuradamente, otros en sobrevivir, y otros más en tratar inútilmente de sobrevivir. En medio de esa estridencia de la cotidianidad, estaba sentada en un rincón la poco estridente pero siempre confiable adusta señora que es la Honestidad.

La Honestidad nos ha estado mirando desde ese mismo rincón cada día de esta pandemia, cada día de este aciago 2020.

Nos ha visto llorar ateridos de miedo en los primeros días, cuando el terror se adueñó de nosotros. Nos ha observado comenzar a sacar de abajo para seguir las medidas que nos permiten acercarnos a la nueva normalidad. A tratar de sobrevivir con la Poesía o con los lives que nos acercaron a quienes antes veíamos a diario o a quienes no veíamos hacía muchos años. Otros aprovecharon el tiempo para ser más desmesuradamente inmorales, más escandalosamente superficiales, más estrepitosamente vulgares, más tristemente vanidosos.

La Honestidad, es un bien común de poco uso, ha visto con mirada sarcástica, cómo los de siempre, los que todo lo tienen y quieren más, se hicieron más ricos sacando la mejor tajada oportunistamente del dolor ajeno, y otros se volvieron tristemente más pobres cada día.

Existió un tiempo en que estábamos demasiado ensimismados en llegar a tiempo adonde íbamos en medio de los tapones. En echarle la culpa a los demás de los problemas que nos aquejaban a todos. En mirar al otro lado al ver a alguien necesitado pidiendo una limosna.

Ha pasado un año que no ha servido para nada. Un año que debió ser una gran escuela y que debimos ver como una gran oportunidad de civilizarnos, de adecentarnos, de aprender a ser hermanos de prójimo. Ha pasado un año de dolor terrible, de tristeza y de desolación para muchas familias.

La solidaridad a veces ha llegado, es verdad. Dios ha premiado a algunos ángeles que han seguido siendo obreros del buen hacer en la cotidianidad. Otros siguen mirando solamente a su ombligo. Los incrédulos siguen siendo incrédulos, muchos en un reto a Dios.

La pandemia sigue. El año termina. Viene otro año más. Habrá vacuna. Pero, ¿y la Honestidad? Quiero decir, ¿y la decencia? ¿y el amor? ¿y la solidaridad?

La Honestidad a veces nos mira con ojos, como si hubiésemos olvidado a Dios.

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