En algunos chats de periodistas de arte y espectáculos han corrido felicitaciones. En realidad el gremio tiene poco de qué felicitarse.

La Asociación de Cronistas de Arte y Espectáculos arriba a su 36 aniversario interna en una Unidad de Cuidados Intensivos, con muy reducidos índices vitales.

Acroarte padece de hipertensión, de diabetes y de enfermedad coronaria. La hipertensión se debe a la crisis que la corroe, en relación con sus pasadas elecciones y a la intromisión en ellas de intereses empresariales y políticos.

La diabetes es ese carácter meloso e irresponsable de quienes quieren hacer pensar que aquí no pasa nada y que son enfrentamientos lógicos de quienes perdieron contra quienes ganaron.

La enfermedad coronaria es la que más daño le hace, porque es una enfermedad del corazón, que parte del amor por la asociación, ese amor, esa fuerza que debe obligar a sentarse a dialogar, ceder, negociar a las partes en disputa. Y ahí no han valido ni miembros del Consejo de Veteranos y Civiles que han sido los expresidentes, ni los intentos de mediación de unos cuantos ingenuos como José Rafael Sosa o quien suscribe, ni la posición de la Cerveceria Nacional Dominicana.

La culpa de que Acroarte esté en la situación que se encuentra es de todos los miembros, incluido quien suscribe. He visto con dolor cómo destacados miembros y ex presidentes se han enfrentado entre sí, profiriendo ofensas que difícilmente se puedan tapar con gloria.

Cuando ocurrieron las elecciones, yo mismo me alejé (una vez más) del gremio. Lo hice porque creo que por el bien de la asociación, los que fungieron de jueces en las elecciones debieron haber anulado las mismas, o haber vuelto a convocarlas. Primaron los intereses grupales y empresariales e incluso hasta políticos, reitero. No lo hicieron, y estas son las consecuencias. El consabido descrédito público, unos premios en veremos y una fiesta con dolor y sin gloria.

¿Qué vamos a hacer con Acroarte? ¿Vamos a seguir profundizando la crisis, el descrédito y dando rienda suelta a las pasiones y los intereses? ¿Vamos a seguir en la lupa de un pueblo que nos dio la posibilidad de organizar unos premios que muchas veces parecen más grandes que nosotros mismos como clase periodística? ¿Vamos a seguir dando de comer a la desidia y la mediocridad, a la banalidad y la tontería, a la autofagia y el fratricidio?

En La Eneida hay un paisaje que ilustra lo que era Acroarte. Y que bien pudiera ser el sino de nuestra asociación. Lo que puede volver a ser. La reina Dido le dice a Eneas: «La ciudad que estoy levantando vuestra es; varad vuestras naves; ninguna distinción habré de hacer entre tirio y troyano».

Obviamente hay un juez que juzgará el enfrentamiento judicial entre las dos partes encontradas. Pero, ¿y nosotros, cómo nos juzgamos?

Hace falta un Comité de Salvamento de Acroarte que obligue -léase bien, obligue- a ambos lados a negociar. Me auto propongo a integrarlo. Obviamente debe ser integrado por personas que no pertenezcan a ninguno de los bandos y que por sobre todas las cosas pongan a Acroarte en la mira y el corazón. ¿Alguien más se alienta?

Hoy no hay nada que festejar. Hoy es un día para reflexionar. Y comenzar a hacer. Acroarte puede renacer de las cenizas.

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