Colaboración para Nota Clave de Hugo Pagán, miembro de Adopresci

La vida tiene su propio pulso y el cine anhela imitar ese ritmo. Esa magia que nace en las situaciones más cotidianas es el néctar del cual Noah Baumbach se ha alimentado. Historia de un matrimonio es la pieza que corona la carrera de un director que ha encontrado una voz en las historias humanas más complejas siempre partiendo desde lo más básico.

Las relaciones familiares se han convertido en un cosmos en el que puede dejar correr su creatividad, explorando cada espacio desde diferentes puntos de vista. En la intimidad y los detalles ordinarios sus relatos se crecen y trascienden para alcanzar lo excepcional.

Lo que pega con más fuerza de esta Historia de un matrimonio es su capacidad de mutar constantemente y poder conquistar sin problemas las claves del drama y la comedia. Plasmar la vida misma con sus altas y bajas es una tarea que puede parecer simple pero que resulta siempre desafiante cuando se le dibuja en la gran pantalla. Evitar llegar hasta el melodrama es el primer peligro que hay que sortear y luego de ahí viene el trabajo de los interpretes para encarnar sin imitar o ridiculizar, las emociones que brotan de esos sentimientos.

Una familia normal

Charlie (Adam Driver) y Nicole (Scarlett Johansson) viven en Nueva York, él es director de una pequeña compañía de teatro y ella la actriz principal. Ambos tienen carreras plenas y fuera de lo profesional llevan una vida común junto a Henry (Azhy Robertson) su único hijo. El guión, del mismo Baumbach, nos introduce a los personajes mediante la voz en off. Primero es Charlie que nos cuenta sobre Nicole, justo cuando su imagen llena la pantalla con un primer plano imponente. La voz de Nicole se adueña de la pantalla y escudriñamos a ese Charlie en su cotidianidad.

Como ya lo hiciera en la fantástica El Calamar y La Ballena (2005), el director vuelve sobre el tema del divorcio. En aquella la historia se contaba desde el punto de vista de los dos hijos que sufrían la separación de sus padres en el Brooklyn de los 80. Ahora el sujeto está en los ojos de Charlie y Nicole y se nos administra la historia desde un punto de vista más crudo, que no se ampara en ingenuidades propias de la adolescencia. Las víctimas siempre serán las mismas y, como en la guerra, cualquier victoria es insuficiente comparado con lo que se pierde en las batallas.

Para acentuar el abismo que genera la separación, el director utiliza el recurso de alejar físicamente a los personajes. Charlie se queda en su adorado Nueva York y Nicole vuelve al lugar donde empezó su carrera, Los Ángeles. Este paralelismo de distanciamiento emocional y físico aporta fuerza dramática a la historia y sirve para justificar algunos giros importantes en el guión.

“Los abogados penales ven a las personas malas en su mejor momento, los abogados de divorcios ven a las buenas personas en su peor momento”.

Barber vs Barber

Artísticamente podemos decir que Baumbach se aventura por los caminos de Bergman para sus composiciones visuales. Esos primero planos nos llevan hasta Persona (1966) y tanto Driver como Johansson hacen maravillas con esos momentos, en los que además de su lenguaje corporal, tienen también el chance de expulsar las más agitadas emociones con monólogos superbos. Esos duelos en los tribunales y cara a cara hacen que recordemos a Dustin Hoffman y Meryl Streep en Kramer vs. Kramer (1979).

Adam Driver se muestra impecable y alcanza unos niveles prodigiosos, sin dudas una de las mejores actuaciones del año. Johansson no desperdicia ni un solo momento y su Nicole se muestra con una mezcla entre implacable y vulnerable. Lo mejores momentos le llegan en esas secuencias donde tiene que comunicar sin hablar y eso nos lleva hasta una escena en la habitación, los vemos en la cama. Charlie le lee un cuento a Henry mientras Nicole gira la cabeza y una lágrima rueda por su mejilla. Es ahí que entiende la inevitabilidad de lo que se avecina y que no hay una solución que no aproxime dolor.

En todas sus películas los personajes de Baumbach tienen mucho que decir. Tal vez su Frances de Frances Ha (2012) sea el mejor ejemplo de la elocuencia con qué sujetos rebosa la pantalla. Aquí esa fluidez vuelve a manifestarse, desde Charlie y Nicole hasta sus secundarios todos deslumbran con monumentales diálogos. Ya sea la Nora Fanshw de Laura Dern, el Jay Marotta de Ray Liotta o el Bert Spitz de Alan Alda, todos nos desarman con sus precisas apariciones.
Historia de un matrimonio es un filme perfecto que se levanta sobre un guión sólido y unas estupendas actuaciones. Con la capacidad de hacernos reír y con el mismo ímpetu llevarnos al lado más oscuro para hacernos llorar.

De 10/10

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