Después del buen final de la segunda temporada de Casa de Papel, es hora de que el grupo se tome unas vacaciones. El profesor, Tokio, Río, Denver y el resto de la pandilla están dispersos por todo el mundo. Algunos se sienten cómodos viviendo en una isla desierta, mientras que otros disfrutan de culturas extranjeras y de la libertad que brindan los miles de millones que robaron al estado.

Pero Tokio no puede quedarse mucho tiempo en aquella isla desierta. Ella añora la aventura y la acción que era característica en su vida, y es cuando decide abandonar a Río por un corto tiempo. Ambos cometen un error trascendental en el transcurso de esta separación, ya que quieren superar su distancia con un teléfono satelital. En el proceso, Río es capturado por la policía y es detenido en un lugar desconocido y torturado para lograr sacarle información.

Para liberar a Río, todo el equipo se reúne de nuevo bajo la dirección del profesor y un nuevo integrante llamado Lisboa (Rodrigo de la Serna). Están planeando un nuevo golpe para atraer la atención de la policía y posiblemente salvar a Río. Una vez más, planean robar un banco y sus reservas de oro.

A pesar del enfoque inicial en una vida supuestamente despreocupada y viviendo al máximo, nos encontramos de nuevo con relativa rapidez con otro robo. Así es como en la temporada 1 conocemos al equipo, la planificación del golpe y por supuesto la ejecución. Pero a pesar de estos paralelos, esta temporada se siente un poco diferente.

Por un lado, esto se debe a que algunos «héroes» ya no están allí. Por otro lado, el propósito de salvar a Río y robar al banco al mismo tiempo, puede complicar muchas situaciones.

Vamos a empezar con la historia, desafortunadamente no hay nada nuevo aquí. Por supuesto, conocemos un plan antes de los eventos, que aparentemente se elaboró antes del primer robo en el banco central. Así, esta secuencia cronológica deja un regusto amargo. Como espectador, uno tuvo la sensación de que esta planificación solo se puso en este lapso de tiempo para permitir que el personaje de Berlín volviera a escenario, haciéndolo sentir un poco artificial, obvio. No obstante, los creadores lograron crear una secuencia de eventos más o menos coherente. Como resultado, nuevamente tenemos un plan casi invencible, que no puede fallar. Y aunque el paralelo a la temporada uno no podría ser más obvio, los creadores se esforzaron poco en crear una estructura diferente. No solo se incrementó el nivel de robo bancario, si no que la ejecución del plan y los motivos parecen exagerados, sin sentido y forzados. El desprendimiento inicial de millones tan solo para llamar la atención, es el inicio de las piezas de dominos que irán cayendo mientras la trama avanza.

Capitulo por capitulo, vemos como nuestros personajes repiten las mismas palabras, diálogos y acciones de la primera y segunda parte, incluso sus decisiones son tan predecibles que hasta el espectador menos experimentado lo escribiría. Una pena.

Lo que sí es digno de admirar y realmente impresiona, es su sólida implementación técnica. Los eventos y las secuencias que rodean el robo podrían parecer salidos de la mejor película de acción de Hollywood. Combinados con los protagonistas habituales, que son cada vez más los favoritos del público, también tenemos una buena musicalización en Haus der Geld.

La Casa de Papel en su tercera temporada resulta decepcionante en su núcleo, más no en la periferia. La excusa para volver a robar, sumada a la presentación de nuevos integrantes que rayan en lo cliché, hacen de esta media temporada una parada entretenida en la visual, pero vacía en su propósito.

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