Aprendió a tocar el piano en un armatoste sin armonía que su familia le compró por dos pesos, cuando era un niño allá en Quivicán, donde nació en 1918. Después se fue a la bella y compleja Habana de los cuarenta y organizó una orquesta que se llamaba Sabor a Cuba, con la que trabajó casi una década en los bailables de Tropicana.

Creó un ritmo único conocido como batanga, compuso algunos de los primeros mambos y le daba tecla a todos los géneros populares de su país y al jazz. Esos son algunas noticias del origen y lo primeros pasos de uno de los músicos más importantes del siglo XX cubano. Yo hablo de Bebo Valdés.

Ese es el santo seña universal de Dionisio Emilio Ramón Valdés Amaro, el pianista de Cuba en los primeros meses de los sesenta, se fue para México y allí se hizo libre, mientras que la burocracia oficial y los envidiosos, comenzaron a tratar de borrarlo con precisión, de todos los registros de la cultura de su patria.

Hacia 1962, Bebo Valdés se fue a Madrid y se puso a tocar en una orquesta que tenía el nombre de Lecuona Cuban Boys. Con ese grupo fue a trabajar a Suecia y se quedó varios meses en un bar muy famoso de Estocolmo. Allí apareció de pronto, entre el público, uno de los motivos por el que el habanero, se pasó tres décadas entre los suecos.

Esta es su explicación relampagueante: “Tenía cinco hijos en Cuba, todos reconocidos por mí, pero nunca me había casado. Ya iba a cumplir 45 años, me estaba poniendo bastante maduro. Era un poco mujeriego. Entonces cogí a una mujer joven para no tener problemas. Siempre le fui fiel. Si no, no me hubiera casado. Era una mujer joven y bellísima”. En efecto, se llamaba Rose Marie y con ella tuvo dos hijos.

Bebo Valdés esperó hasta 1994 para que el cineasta Fernando Trueba y el saxofonista Paquito D´Rivera lo fueran a buscar a las sombras nevadas donde vivía. Con ellos reencontró su leyenda y la obra formidable que le habían escatimado sus enemigos políticos, la envidia y, de cierta manera noble, sus lealtades personales.

A los 76 años hizo el disco Bebo rides again, apareció en el documental Calle 54 de Trueba y grabó Lágrimas Negras, con el cantaor Diego El Cigala, una antología de temas de América Latina que le dio el Premio Grammy de 2002.

Valdés compró luego una casa y se fue a vivir a Málaga, España, pero cuando enfermó de gravedad su familia lo llevó de regresó a Suecia. En marzo de 2013 falleció en Estocolmo, la ciudad que conoció su olvido parcial, pero le dio el amor. La ciudad donde la gloria, tuvo que ir a buscarlo.

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