Antonio Benitez Rojo (Fuente Externa)

MIAMI. En Cuba su nombre está borrado y su obra no aparece mencionada en ninguno de los panfletos que debían recoger la historia de la literatura del país.

Nadie lo recuerda y nadie quiere recordarlo. Lo que hay con Antonio Benítez Rojo (La Habana, 1931- Northanpton, Masasachuset, 2005) es un olvido descomunal y debe ser por la perfección, la fuerza y el rigor de su trabajo que incluye, entre cosas, su traducción a nueve idiomas y su inclusión en más de cincuenta  antologías publicadas en el mundo entero.

Benítez, un silencioso profesor y animador de la cultura, murió en el exilio y dejó algunos de los libros más importantes de la prosa cubana del siglo XX. Discreto, mordaz, siempre atinado y agudo, el hombre era un maestro del relato corto y otro maestro, o el mismo, a la hora de redactar las páginas de sus apasionantes libros de ficción o sus ensayos lúcidos y coherentes.

Así, es necesario recordar la colección de libros de ficción que le dieron renombre a lo largo de los años que trabajó en La Habana, en la Casa de las Américas y después en su exilio de Europa y Estados Unidos. Benítez inició su aventura literaria con Tute de Reyes, un libro que dio a conocer en 1967. De ahí le siguieron El escudo de hojas secas, Los inquilinos, Heroica, El mar de las lentejas, Antología personal, La isla que se repite, Mujer en traje de batalla y El enigma de los esterlines.

El escritor realizó, además, una incisiva investigación sobre las piezas del autor mexicano Juan Rulfo, que se publicó en 1969. Poco después entregó a imprenta Quince relatos de América Latina y una compilación de textos bajo el título de 10 noveletas famosas.

El intelectual cubano trabajó también en la esfera del cine. Uno de sus cuentos de Tute de Reyes, Los sobrevivientes, fue filmado, en 1978, por Tomás Gutiérrez Alea con un guión escrito por el mismo Antonio Benítez Rojo.

Para mitigar el olvido de este autor criollo, propongo un párrafo que el gran crítico peruano Julio Ortega escribió hacia el año 2000. El señor de Lima dice: “Antonio Benítez Rojo no sólo es el más importante escritor cubano vivo sino también el primero libre de la herencia traumática de la historia de una isla donde José Lezama Lima creyó que podría “mamar el cielo”, y Virgilio Piñera entendió había que sobrellevar “en peso”. No en vano hasta la fecunda herencia de Lezama Lima se extravía disputada por autoridades del reproche. Contra esa genealogía, Benítez escribe con simpatía, goce y claridad.”

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