Lucrecia Martel (Captura de pantalla)

El jurado de la Sección Oficial de la 76 edición de la Mostra Internacional de Cine de Venecia, será encabezado por la cineasta argentina Lucrecia Martel, se ha informado oficialmente este martes.

El evento de su tipo más antiguo del mundo, por el cual nació en contraposición el Festival de Cannes, se celebrará del 28 de agosto al 7 de septiembre.

La directora de Zama, (2017), fue incluido hace dos años en la Sección Oficial de Venecia, pero fuera de concurso. «Es un honor, una responsabilidad y un placer participar en esta celebración del cine y del inmenso deseo de la humanidad de entenderse a sí misma», dijo la cineasta argentina en el comunicado oficial del evento, en el que Alberto Barbera, director del certamen, afirma que “Cuatro largos y un puñado de cortos, en algo menos de 20 años, han bastado para convertir a Lucrecia Martel en la más importante directora de América Latina y una de las principales del mundo. En sus filmes, la originalidad de la búsqueda estilística y el rigor de la puesta en escena se ponen al servicio de una visión del mundo sin tintes medios, entregada a la exploración de los misterios de la sexualidad femenina, las dinámicas de grupo y de clase».

«Martel también ha mostrado interés por otros lenguajes artísticos. Su última colaboración ha sido con Björk, en la dirección de su concierto Cornucopia en [el centro cultural de Nueva York] The Shed», agrega el documento del festival.

Lucrecia Martel (14 de diciembre, 1966, Salta, Argentina) se formó en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC) de Buenos Aires, y dirigió los cortos El 56 (1988), Piso 24 (1989), Besos rojos (1991) y Rey muerto (1995), así como la serie de televisión D.N.I. (1995) y el programa infantil poco convencional Magazine For Fai, dice Wikipedia. Ha ganado en tres ocasiones (2001, 2004 y 2017) el premio Coral a la mejor dirección en el Festival de La Habana.

En 2001 hizo su primer largometraje de ficción, La ciénaga, luego La niña santa, en 2004, y La mujer sin cabeza, en 2008, visto en Cannes ese año. Centros como el MoMA, la Universidad de Harvard o la Tate de Londres han proyectado retrospectivas de la obra de Martel, quien también ha ofrecido clases magistrales de narración cinematográfica en muchos países.

Caracterizada por a veces realizar declaraciones un tanto contra corrientes, ha dicho en una de ellas para La Gaceta Salta, una parrafada que bien vale la pena reflexionar y que tiene que ver con la concepción folclorista, de la idea de la esencia: «Quizás sea posible otra mirada sobre la música, la narración oral, el canto, la literatura, el cine, la televisión, la democracia, la política, el trabajo de funcionario público, el comercio, el amor, el desamor, en fin, quizás sea posible ver algo nuevo si nos alejamos un poco de las ideas de esencia, de identidad que tan rápidamente nos sumergen en el patriotismo barato, belicoso y corrupto en el que este país [Argentina] parece empecinado. Barato, porque hay pocos esfuerzos de reflexión sobre lo que nos constituye como comunidad. Belicoso, porque fácilmente engendra intolerancia. Y corrupto, porque está siempre a tiro para encontrar justificaciones a los privilegios. El folklore me ha parecido siempre una categoría inútil cuando no peligrosa. Lo que ahí se encuentra parece condenado a la repetición y la conservación malsana. Como si las expresiones de la humanidad para ser valiosas debieran tener antecedentes. Y, con una sustitución provocativa, diría que prefiero el trip al folk. El viaje, la aventura, antes que la afirmación de ‘lo nuestro’. Hay demasiada ‘mi tierra’ en las zambas».

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