SD. Uno de los músicos cubanos más influyentes de todos los tiempos es, a los 77 años de edad, el pianista y compositor Chucho Valdés, cuyo nombre real casi nadie lo conoce en Cuba: Dionisio Jesús Valdés Rodríguez, ganador de ocho Grammy Awards y tres Grammy latinos y acreedor de muchos doctorados honoris causa de prestigiosas universidades del mundo.

Hijo de gato caza ratones. Y en su casa ambos padres, el gran bebo Valdés y Pilar Rodríguez eran pianistas, así que desde los 3 años de edad ya tocaba al piano las melodías que escuchaba en la radio, de oído, con las dos manos, en cualquier tono.

A los cinco años recibió clases de piano, teoría y solfeo con el profesor Oscar Muñoz Boufartique, culminó sus estudios en el Conservatorio Municipal de Música de la Habana a los 14 años. Perfeccionó sus conocimientos en clases privadas con Zenaida Romeu, Rosario Franco, Federico Smith y en composición con Leo Brower, apenas dos años mayor que él. A los 15 años armó su primer trío de jazz.

En 1970 al frente de un quinteto de jazz participa en el Festival Internacional de Jazz Jamboree en Polonia, convirtiéndose en el primer grupo cubano que participó en un festival de este género en el extranjero, donde es felicitado por Dave Brubeck y ubicado entre los cinco mejores pianistas del mundo junto a Bill Evans, Oscar Peterson, Herbie Hancock y Chick Corea.

En 1973 fundó Irakere, una de las más memorables agrupaciones que fusionó jazz con rock, música clásica, son, danzón y otros ritmos cubanos, convirtiéndose en la agrupación musical cubana que más influyó en la segunda mitad del siglo XX y difícilmente haya sido superada por agrupación alguna.

Conversación en el North Sea Jazz Festival

El 6 de septiembre del 2011, tuve la oportunidad de conversar con el maestro, en Curazao. Esa vez Chucho Valdés fue, junto a Sting, Juan Luis Guerra, Steve Wonder, Dionne Warwick y Rubén Blades, uno de los lujos que se dio el North Sea Jazz Festival de Curazao.

El autor de la mítica «Misa negra» arribó con su gente a Curazao, procedente de Santiago de los Caballeros, donde más lo añoñan, en un avión privado.

DL conversó con el mejor pianista cubano de jazz, quien con su Afrocuban Messenger ganó su octavo Grammy Award por el álbum Chucho’s Step. Dueño de su propio sello (Comanche), reconoce que a partir de su más reciente disco tiene música para cuatro o cinco álbumes más.

«El trabajo que hice durante siete años de experimentación, está compuesto por cinco pasos. El primero es Chucho’s Step. El segundo es una combinación de ritmos que tenemos planificados, muy diferente a lo que se ha hecho en el jazz latino en toda la historia, porque la clave cubana se va del 4 x 4,; se va de la métrica hacia la asimetría. Y en cualquier momento cada músico toca en un compás diferente. Y es como en vez de free jazz, una especie de free latin jazz. Es difícil de explicar, si no es con los sonidos. Es un estado rítmico de ingravidez, donde la clave ya pierde la métrica… y sin embargo está», explicó sobre lo que prepara para el futuro.

La dinastía Valdés

«El primer Valdés del siglo XXI nació el 7 de octubre del 2006 y ya toca el piano. Tiene 4 años y me parece que va a ser mejor que yo. Porque ése ha recibido experiencia de su abuelo, que el mío no era pianista. Mi papá se sienta con Juliancito, y yo también lo estoy haciendo. Tenemos fotos de los dos enseñándole a Julian al mismo tiempo. Es muy inteligente. Nació con una estrella. Te sorprendes de las cosas musicales que se le ocurren. Ese niño se sabe todos los temas de Afrocuban Messenger. Todos los temas. Tiene un oído musical ‘anormal’, exagerado. Estamos muy contentos con ese niño», dijo el orgulloso padre.

Regreso al piano

«Irakere es un punto de partida. Trabajamos durante 25 años. Y llegó un momento en que necesité hacer un cambio, porque Chucho pianista estaba un poco disuelto dentro del grupo. Y decidí iniciar una etapa con piano solo, trío y cuarteto. La etapa en que trabajé con el sello Blue Note, donde hice siete álbumes, todos con éxito, casi todos fueron nominados, y dos ganaron Grammy. Así estuve 10 años y necesité hacer un nuevo cambio. Retomé el estilo Irakere del siglo XX, y como hemos madurado, hemos modernizado aquellas cosas que se hicieron con Irakere, con estudios más profundos de la raíz afrocubana del jazz. Los músicos que trabajan hoy conmigo son de nuevas generaciones, son de los más jóvenes y talentosos. Con ideas mucho más avanzadas; no es que sean mejores músicos», reconoció.

Siete años después de grabar New Conception, en que decidió no grabar más hasta que no tuviese una nueva propuesta, diferente a lo anterior, apareció Chucho’s Step «un tributo a John Coltrane, a los ‘jazz steps’. Hay un tributo a los Marsalis, por las raíces de Nueva Orleans y el Caribe con Cuba; la historia del ragtime y la habanera; de las cosas que nos unen con influencias europeas y africanas. Hay un tema que es un tributo que hice a Joe Zawinul, por su trabajo evolutivo dentro del sonido electrónico», explicó.

El piano, compadre, el piano

«La primera persona que me aconsejó en Cuba fue Jacko Pastorius el de Zawinul. ‘La base es muy buena, pero tú tienes que tocar el piano. Tienes que desarrollar más, porque se te pierde acá'», rememoró el hijo de Bebo Valdés. «Y el consejo que me dio lo logré en el 98, y años después me toqué a Zawinul en un festival de Martinica, donde yo estaba tocando con la orquesta de Roy Hargrove y me lo repitió. Así que me decidí a hacerlo».

Chucho Valdés recuerda que en estos recientes años hizo discos para Pablo Milanés; su hermana Mayra Caridad Valdés, Omara Portuondo, Charles Aznavour; la cantante flamenca Concha Buika, Diego El Cigala. Explicó que faltan dos colaboraciones: una de ellas con Kenny Garret.

Según Chucho, el pianista de jazz más original de la historia, es Ahmad Jamal. «Para mí, el trío de jazz más original de la historia es el trío de Ahmad Jamal; es uno de los creadores más grandes del jazz contemporáneo, que influenció inclusive a Miles Davis por mucho tiempo».

Valdés destacó a un joven pianista cubano: «Puedo decir que hay un pianista cubano que se llama Rolando Luna, que es espectacular: está comenzando su carrera. Pero es un improvisador natural. No es un pianista que copia, porque esté utilizando clichés, cuando lo oyes te das cuenta que está creando constantemente». Elogió igualmente a los jóvenes pianistas Aldo López-Gavilán y Roberto Fonseca, quien también estuvo en el North Sea Jazz Festival.

Sobre el festival dijo que había pasado este año por todos los festivales, solo, en dúo con Michel Camilo, con su banda; pero «este festival North Sea está fuera de serie. Hay que felicitarlos por la organización, y el programa, que es fantástico, de ahí para arriba no hay más nada».

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