Siembra de nubes desde un avión (Fuente externa)

El gobierno central de la República Popular China acaba de anunciar que ha expandido de forma masiva su proyecto para el control climático y pretende cubrir la mitad del país con lluvia y nieve artificial en 2025.

Sembrar lluvia o nieve en las nubes es algo viejo. En la víspera del 1 de mayo de 1980 la Unión Soviética sembró lluvia en las nubes para que el desfile pudiera darse sin inconvenientes. Algo que ocurrió también antes del inicio de los Juegos Olímpicos famosos que fueron bloqueados por los Estados Unidos.

Alexander Akimenkov uno de los pilotos rusos más experimentados en siembra de nubes, dijo en el 2010 a la BBC que lo hacen de dos maneras: «O usan una máquina especial que escupe yoduro de plata, hielo seco o cemento a las nubes, o se abre una escotilla y una persona con una pala siembra las nubes manualmente. Apenas los químicos tocan la nube, aparece un agujero. Se hace cada vez más grande, y entonces, o llueve ahí mismo, o si las nubes no son muy densas, se dispersan sin precipitación».

Los rusos utilizaban desde épocas soviéticas la siembra de nubes en festivos principales tres veces al año: en el Día de la Victoria, el Día de la Ciudad, y más recientemente, en el Día de Rusia, además de en fechas determinadas por algún evento especial.

Cesna 210 con aditamento para sembrar nubes (Fuente externa)

¿Cómo hace China?

China lanzó su propio programa en la década de 1960 y tuvo su momento más espectacular de ‘siembra de nubes’ en 2008 poco antes de los Juegos Olímpicos de 2008, lo que hizo que se adelantasen las lluvias de otoño a antes de que empezase el evento.

Docenas de países han puesto en marcha programas de este tipo, pero el chino es el programa más grande y da trabajo a 35.000 personas, según The Guardian.

El Consejo de Estado ha comunicado que la superficie que cubre este proyecto se multiplicará por 5 y cubrirá un área de 3,38 millones de kilómetros cuadrados en 2025, en relación a los 5,95 millones del país, por lo que afectaría al 56% del terreno.

El programa alcanzará el «nivel avanzado a nivel mundial» en 2035, según afirma el Consejo de Estado. Ayudará a aliviar «desastres como la sequía y el granizo» y facilitará las respuestas de emergencia «a los incendios forestales».

Hace cuatro años y medio, en junio de 2016, China invirtió 30 millones de dólares en este programa y empezó a disparar balas rellenas de sal y minerales al cielo.

Un año después, el país gastó 168 millones de dólares en equipamiento para facilitar el proyecto, incluyendo 4 aviones y 897 lanzadores de cohetes, según el periódico británico.

El ministro de Finanzas de China en el 2016 manifestó que quería usar la siembra de nubes para crear al menos 60.000 millones de metros cúbicos de lluvia adicionales ese año.

En enero de 2019, los medios de comunicación estatales afirmaron que la siembra de nubes en el oeste de la región de Xinjiang había prevenido el 70% de los daños a los cultivos por el granizo.

La llamada siembra de nubes es una forma de hacer que llueva o nieve arrojando iones de plata a la atmósfera. Las tormentas ocurren cuando se acumula suficiente humedad alrededor de las partículas en el aire, por lo que estos iones proporcionan partículas adicionales para que la humedad se acumule.

Otro pionero en usar esta tecnología fue Rusia, en tiempos de la Unión Soviética y los Emiratos Árabes Unidos.

Según Pacific Standard Magazine, la técnica ha estado en uso durante 75 años, y gracias a ella se alivió la sequía en el oeste de los EE. UU. en 2015, ocasión en la que Texas experimentó un aumento del 34% en la cantidad de lluvia gracias a la siembra de nubes.

¿Quién fue el primero?

Aunque desde principios del siglo XX se jugaba cabeza con la idea de hacer llover de manera artificial, no fue hasta 1946, gracias a eventos casuales que Vicent Schaefer (1906-1993) descubrió el principio de la siembra de nubes en julio de ese año.

Las ideas iniciales surgieron entre él y el Premio Nobel Irving Langmuir, de quien Schaefer era investigador asociado. Schaefer creó una manera de experimentar con las nubes sobreenfriadas utilizando una unidad de congelación forrada con terciopelo negro. Intentó con cientos de agentes capaces de estimular el crecimiento de cristales de hielo (talco, sal, suelos, polvo y varios agentes químicos con efectos menores), pero no resultaba. Un día caluroso y húmedo de julio, Schaefer quiso intentar algunos experimentos en el Laboratorio de Investigación de General Electric en Schenectady. Pero el equipo refrigerador no era lo suficientemente frío para producir una nube a partir del aire. Al añadir un pedazo de hielo seco sólo para bajar la temperatura y al respirar en la cámara, notó un vapor azulado seguido de una explosión de millones de pequeños cristales de hielo, que reflejaban los rayos de luz que iluminaban una sección transversal de la cámara. Ese fue el instante del nacimiento de esta técnica, justo cuando se dio cuenta de que había descubierto una manera de transformar el agua sobreenfriada en cristales de hielo. El experimento se reprodujo fácilmente y pudo explorar el gradiente de temperatura, estableciendo en −40 °C el límite para el agua líquida.

También en julio de 1946, el científico atmosférico Dr. Bernard Vonnegut, -hermano del novelista norteamericano Kurt Vonnegut-, se atribuyó el descubrimiento de otro método para “sembrar” nubes de agua muy frías. Vonnegut lleva a cabo su descubrimiento desde su escritorio, al buscar información en un texto de química básica y luego probar con yoduros y con plata para producir yoduro de plata. Junto con el Dr. Vonnegut, el profesor Henry Chessin, cristalógrafo, coautor de una publicación en la revista Science, recibió una patente en 1975.

Ambos métodos se adoptaron para su uso en la siembra de nubes durante 1946, mientras trabajaba para la Corporación de General Electric en el estado de Nueva York. Schaefer alteró el contenido de calor de la nube, Vonnegut alteró la estructura cristalina de formación. La cristalografía de hielo más tarde jugó un papel en la novela de Kurt Vonnegut. El primer intento de modificar las nubes naturales en el campo a través de la siembra de nubes, comenzó durante un vuelo que se inició en el norte de Nueva York el 13 de noviembre de 1946. Schaefer fue capaz de provocar nevadas cerca de Monte Greylock en el oeste de Massachusetts, después de liberar seis libras de hielo seco en la nube de destino desde un avión.

El hielo seco y yoduro de plata son agentes eficaces en el cambio de la química y física de las nubes sobreenfriadas, por tanto útiles para aumentar las nevadas de invierno en las montañas y en determinadas condiciones, evitar rayos y granizo.

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