(Fuente externa)

La metástasis —la colonización de tejidos del organismo por células malignas, más allá del tumor primario— es responsable de nueve de cada diez muertes por cáncer.

Tres estudios recientes concuerdan en apuntar hacia una culpable de la diseminación de algunos tumores de colon, esófago, páncreas y mama. Se trata de una bacteria que reside en las encías de los seres humanos: Fusobacterium nucleatum.

Los estudios de laboratorio y los datos clínicos indican que es capaz de viajar por la sangre e infectar las células cancerosas adhiriéndose a una molécula de azúcar presente en su superficie. Allí, activa una serie de señales y respuestas inmunitarias que favorecen la migración de las células tumorales. De confirmarse este hallazgo, estaríamos más cerca de comprender cómo actúa el microbioma en la progresión del cáncer e incluso de abrir nuevas vías de tratamiento.

Un artículo publicado por la periodista científica Claudia Wallis en la revista Investigación y Ciencia, habla de cuando la higiene dental es insuficiente y hay problemas de diabetes incontrolada, la dichosa bacteria puede ocasionar problemas de salud como periodontitis, amigdalitis, apendicitis y hasta partos prematuros, apunta. La conexión con el cáncer colorrectal ya se planteó hace nueve años, cuando dos grupos de investigadores descubrieron que su ADN está mucho más presente en el tejido tumoral que en el tejido sano del colon. Docenas de estudios demuestran que la infección de las células cancerosas por parte de este microbio es un mal augurio: se asocia con un pronóstico menos favorable en el cáncer de páncreas, esófago y colorrectal, con la resistencia a las quimioterapias en los dos últimos tipos y con las metástasis en el cáncer colorrectal, que es la tercera neoplasia maligna más frecuente del mundo y la segunda más letal.

«Llegamos a las mismas conclusiones por caminos distintos», afirma el bioquímico Daniel Slade de Virginia Tech. El equipo de Slade ha descubierto que, cuando el microbio invade un cultivo de células de cáncer de colon humano, estas producen dos proteínas inflamatorias o «citocinas», en concreto interleucina-8 y CXCL1, que promueven la migración de las células cancerosas, uno de los pasos en la metástasis.

Otro artículo señala que la bacteria induce alteraciones de la regulación génica que favorecen las metástasis pulmonares en los ratones. Un tercer estudio ha determinado que la abundancia de F. nucleatum en el tejido del cáncer de colon humano se correlaciona con la cantidad de las metástasis y ha detectado, en los ratones, otras señales con las que el microbio «orquestaría» este proceso de diseminación a distancia.

Slade y sus colaboradores también han constatado que la bacteria desencadena una tormenta de citocinas que, en principio, está dirigida a controlar la infección, pero que termina por exacerbar el cáncer. «Es como echarle gasolina al fuego», dice Slade.

Es posible que ocurra algo parecido en algunos tumores de mama. Un equipo dirigido por el microbiólogo Gilad Bachrach, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ha observado ADN de F. nucleatum en el 30 por ciento de los carcinomas de mama humanos que analizaron. Según exponen en un artículo publicado en junio, la bacteria se encontraba sobre todo en las células cancerosas que expresan grandes cantidades de la glucoproteína superficial Gal/GalNAc. También comprobaron que la infección estimula el crecimiento de los tumores primarios y las metástasis en los modelos murinos de cáncer de mama. «Los datos indican que las fusobacterias no provocan el cáncer, pero pueden acelerarlo», puntualiza Bachrach.

El destacado investigador de las metástasis Joan Massagué, del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, considera que estos hallazgos son «interesantes y verosímiles». Explica que la inflamación es parte inseparable de la metástasis, de modo que una infección que induzca una reacción inflamatoria tan acentuada en un tumor tendrá consecuencias: «ayuda a las células cancerosas a adoptar comportamientos móviles e invasores».

Los descubrimientos sobre esta fusobacteria se enmarcan en un campo de rápida evolución que está arrojando luz sobre los efectos del microbioma en el cáncer, tanto positivos como negativos. Muchos fármacos inmunoterapéuticos modernos, por ejemplo, funcionan mejor en presencia de microbios benefactores, al igual que algunos quimioterápicos más antiguos. Algunos científicos vislumbran incluso la posibilidad de convertir al Fusobacterium en un soldado armado contra el cáncer. Como lo atrae un azúcar en la membrana de la célula tumoral, quizá podría utilizarse a modo de caballo de Troya, introduciendo una carga de antineoplásicos directamente en el bastión enemigo, dice la publicación de Investigación y Ciencia.

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