Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana, falleció en horas de la mañana de este viernes, víctima de cáncer de páncreas.

Leal Spengler, nació en La Ciudad de La Habana, el 11 de septiembre de 1942. Fue Doctor en Ciencias Históricas de la Universidad de La Habana, Máster en Estudios sobre América Latina, el Caribe y Cuba, especialista en Ciencias Arqueológicas.

Niños con discapacidad, ancianos, perros callejeros, son de los que más extrañarán su ausencia en una Habana Vieja que, contra viento y marea, aún cuando le intentaron quitar el poder muchas veces, hasta que se lo quitaron, fue reinvención suya, porque sabía que la cultura, con sus luces y sombras, sostiene una nación. Muchos de sus esfuerzos estaban dirigidos a darles albergue o al menos el pan de cada día a ancianitos o a niños diferentes, en varios de los espacios que recató de las ruinas y que aportó para ellos.

Leal, como le decían los funcionarios, o Eusebio como le llamaban sus amigos, fue un hombre que decidió echar pie en tierra en Cuba y convertirse en un Samurai del templo donde se cuidaban los mejores valores de los orígenes de la nación cubana, una herencia moral que recibió de su maestro Emilio Roig de Leushenring. Fue un permanente indagador de lo cubano. Un rescatador de la verdad histórica a veces a la sombra de los muros.

Socorro Castellanos, quien fue su amiga dijo esta mañana a Nota Clave: «Amaba tanto a República Dominicana, que el trabajo que hice en Cuba como diplomática fue gracias a su apoyo. Su vida era la superación, andaba a pie y no era prepotente, era católico y defendió que sus hijos vivieran fuera del paìs y que lo que importaba era que regresaran algún día. Este año, enfermo se levantó el día del aniversario de Máximo Gómez. Amaba la historia de Máximo Gómez. Y el día de mi cumpleaños recibí una llamada suya, con una voz muy débil ya felicitándome».

Miembro de la Academia de Historia de República Dominicana, Eusebio Leal era autor de varios libros, y fue un orador y comunicador natural que enseñó a los cubanos a amar la Habana Vieja y la historia cubana, más allá de la escuela y de los tratados,  desde su espacio televisivo Andar La Habana, solo con su verbo florido, heredero de la oratoria católica, que se convirtió en una voz distinta, dentro de un país que solo tenía una voz, la de Fidel Castro.

Fue un rescatador de artes y oficios que se perdían en la vorágine de un tiempo que miraba hacia otro lado. Esas artes y oficios le permitieron rescatar técnicas de restauración para reconstruir día a día, ladrillo a ladrillo, una gran parte de La Habana Vieja, con esquemas económicos diferentes, mientras el resto del país se ha seguido cayendo a pedazos.

Entre sus grandes aportes está la publicación de Carlos Manuel de Céspedes el Diario Perdido, del Padre de la Patria, que fue una bomba en su tiempo, así como sus libros propios Regresar en el tiempo, Detén el paso caminante, Verba Volant, Fiñes, La Luz sobre el Espejo, Poesía y Palabra (I y II), Para no Olvidar( I,IIy III), Fundada Esperanza, Patria Amada, Bio-Bibliografía (I, II,IIIy IV), Legado y Memoria, Hijo de mi Tiempo y Aeterna Tapien.

Eusebio Leal asumió las obras de restauración de la Casa de Gobierno, antiguo Palacio de los Capitanes Generales y Casa Capitular que concluyen en 1979. En 1981 se le confiere la responsabilidad de conducir las inversiones de las obras de restauración aprobada por el Gobierno de la Ciudad el 5 de mayo de aquel año.

El 16 de abril de 1986 le es asignadala responsabilidad de las obras en la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña y, más tarde, en el Castillo de los Tres Reyes de El Morro. Conforme a la declaración de la UNESCO el perímetro de las antiguas murallas y el Sistema de Fortificaciones para la defensa de la ciudad fue inscripto en el Indice del Patrimonio Mundial en 1982 con el número 27.

Historiador de la Ciudad de La Habana. Presidente de Honor del Comité Cubano del ICOM y Presidente de Honor del Comité Cubano del ICOMOS y de la Sociedad Civil Patrimonio, Comunidad y Medio Ambiente; Decano de la Facultad del “Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana”, Profesor de Mérito de la Universidad de La Habana, presidente de la Red de Oficinas del Historiador y Conservador de las Ciudades Patrimoniales de Cuba, presidente de Honor de la Sociedad Económica de Amigos del País, entre otros cargos honoríficos y medallas recibidas en medio mundo, le distinguieron y le convirtieron en una de las personalidades cubanas más queridas en el exterior.

Merecía la Orden de Duarte, que no le fue concedida por opiniones de algunas personas tal vez envidiosas y de poca luz que ignoraban su gran amor y aporte al rescatar la historia de los dominicanos en Cuba.

Siempre andaba enfundado en camisas y pantalones de caqui gris perfectamente almidonados y planchados. Esa imagen de Eusebio Leal será la que podrán ver las santeras y médiums en las calles de su Habana Vieja, donde finalmente, de fantasma a fantasma, podrá hablar con Carlos Manuel de Céspedes o Máximo Gómez, y sobre todo con ese señor de bigotes negros y frente amplia, que recibió una bala en ella un 19 de mayo de 1898: José Martí.

 

 

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