SD. Los domingos, a eso de las 8:00 de la mañana, mi padre Alfonso Quiñones -que en paz descanse- ponía la radio (era de pasta azul y blanco), marca National si mal no recuerdo. Aquel aparato existía desde los tempranos años 60. Lo había comprado a plazos en alguna tienda de Manzanillo, al sur de la provincia de Oriente, en Cuba. En mi memoria es el mejor aparato que hubo en casa -aunque siempre quisimos tener un tocadiscos, que jamás fue posible- porque a través de esa radio, y de soslayo, me llegó lo mejor de la cultura musical que hoy atesoro.

Mi padre era un hombre de pocos estudios, pero de una sensibilidad especial para la música popular, diría que sobre todo para el bolero, que formó parte de la banda sonora de su vida breve de apenas 62 años.

En la radio aprendimos a escuchar en Radio Progreso primero y con los años en Radio Rebelde, los programas donde pasaban, entre otros a Nat King Cole, un tipo que cantaba en español con acento americano grandes canciones de la cultura cubana y latinoamericana.

Este domingo 17 de marzo del 2019 es el centenario del natalicio en Montgomery (Alabama) del hombre que prestó su voz de terciopelo a la música latinoamericana. Nat King Cole, quien falleció el 15 de febrero de 1965 producto de un cáncer de pulmón producido por su irrefrenable adicción a los cigarrillos, quizás fue el primer afroamericano postmoderno, un transbordador de géneros y músicas, de fronteras y culturas. Un transculturador a la inversa, de las culturas periféricas hacia el centro de las culturas.

Tres producciones musicales suyas fueron en idioma español. La primera de todas A mis amigos, grabada en Cuba; la segunda Cole en español; y la tercera More Cole.

Pero su entrada a la cultura latinoamericana ocurrió a partir de un coctel celebrado en Hollywood, donde el presidente de la disquera Panart, Ramón Sabat, lo convenció para que grabase un disco LD cantado exclusivamente en español, con canciones cubanas.

La Habana en Nat King Cole

Esto provocó que Nat King Cole realizara un primer viaje exploratorio a La Habana, con parte de su equipo, para conocer el lugar y las condiciones técnicas de dónde se iba a presentar, nada más y nada menos que Tropicana, el más famoso cabaret del mundo junto al Moulin Rouge de París. Antes de viajar, le expresó el 24 de febrero de 1956, al periodista de la revista Bohemia Don Galaor: “Siempre me dio alegría saber de La Habana, que tiene tanta fama. Quise ir en varias ocasiones a Cuba, y estuve a punto pero siempre algo lo impidió. Ahora tengo un compromiso ineludible”.

Más tarde le dice al propio Don Galaor: “Conocer La Habana era uno de mis sueños, ahora que la conozco, imagínense. Sus avenidas, jardines y tiendas son sencillamente sorprendentes, paradisíaca; en general La Habana es muy bella”.

Nat King Cole en Tropicana (Fuente externa)

Su primera presentación en Tropicana, de tres que realizó, fue en marzo de 1956. Le acompañó la orquesta de Tropicana dirigida por el gran Armando Romeu, a la sazón, la mejor orquesta con que contaba Cuba, que fue reforzada con cuerdas de la Orquesta Sinfónica Nacional. Cantó 16 canciones, en un set de 40 minutos, descargó al piano, pues por entonces era reconocido como un excelente pianista de jazz y luego cantó más canciones. Esa primera presentación representó un triunfo grandioso, que a la vez ayudó a cimentar la leyenda de que aún goza el cabaret Tropicana.

Escuchar temas como Quizás, quizás, quizás de Osvaldo Farrés; Noche de ronda, de Agustín Lara; o El Bodeguero, de Richard Egües, arreglados por Armando Romeu para Nat King Cole, se convierten en versiones inolvidables. En esa ocasión también interpretó al piano el tema Tú mi delirio, de César Portillo de La Luz, cuya letra no se pudo aprender.

Hay que recordar que en aquella época no existían apuntadores electrónicos, o iPads, o monitores visuales donde se pasaran las letras de las canciones. Había que aprenderse las letras de memoria. Y nat King Cole, según se sabe no era un hombre ducho para los idiomas. Así que se aprendía las canciones de memoria, en la medida que sus posibilidades fonéticas se lo permitían.

Las producciones en español

El primer disco de canciones en español se título Cole en español (1958, Capitol Records (EE. UU.) y fue grabado en un sistema pseudoestereo, llamado Duophonic, en un canal la voz y en otro el acompañamiento. Este disco, grabado en los actuales estudios de la empresa EGREM de La Habana y en México, se convirtió en un éxito que lo colocó de lleno en el gusto de los países latinoamericanos. Cuenta Leopoldo Maler que alrededor de ese año, le vio en el Teatro Colón de Buenos Aires, cantando aquellas canciones latinas: «El centro era él y su voz, la música detrás, en penumbras», narró a Notaclave.com.

El segundo disco, A mis amigos (1959, Capitol Records (EE. UU.) y el tercero More Cole Español (1962,Capitol Records (EE. UU.), que significa la última grabación que realizó para el mercado en idioma español.

Su nombre real era Nathan Adam Coles y falleció de cáncer de pulmón, producto de su vicio de fumar cigarrillos, con apenas 45 años de edad. Su primera grabación la realizó siendo un adolescente en 1936, y el sobrenombre de King se lo dieron en un club de Chicago donde se presentaba asiduamente por aquella época.

Sarah Vaughan, Bebo Valdés y Nat King Cole en Tropicana. Año 1957 (Cortesía Archivo Jorge Luis Sánchez)

La grabación de Ansiedad (del venezolano José Enrique «Chelique» Sarabia, quien la había creado en 1955 con apenas 15 años de edad), Acércate más (del cubano Osvaldo Farrés), Adelita (arreglada por Armando Romeu, para su orquesta y mariachi), compuesto por el sargento de Pancho Villa, Antonio Gil del Río Armenta, quien se enamoró de Adela Velarde Pérez, a quien muy pronto todos los soldados llamarían Adelita y cuya historia bien vale otra crónica.

Nat King Cole grabó igualmente Muñequita linda (composición de María Greever, cuyo titulo real es Te quiero dijiste); Las mañanitas (de Manuel M. Ponce); Ay, cosita linda (del colombiano Pacho Galán); la tonada chilena Yo vendo unos ojos negros (de Pablo Ara Lucena); Adiós mariquita linda (del mexicano Marcos Augusto Jiménez Sotelo); y Acércate más (también del cubano Osvaldo Farrés).

Cara de gato, como también le llamaban a Nat King Cole, grabó igualmente Aquellos ojos verdes, (del cubano Nilo Menéndez), así como Piel canela (del puertorriqueño Boby Capó), Perfidia (del mexicano Alberto Domínguez), Sabor a mí (del mexicano Alvaro Carrillo), Solamente una vez (del también mexicano Agustín Lara), el originalmente tango A media luz (del argentino Edgardo Donato), llevado a tiempo de bolero, con clave incluida.

Entre las menos conocidas están Nadie me ama (de los brasileños Antônio Maria y Fernando Lobo) Las chiapanecas, una canción cuya autoría ha sido objeto de controversias ya que al parecer su autor inicial es Bulmaro López Fernández, quien habría compuesto la melodía y posteriormente Juan Arozamena le habría agregado la letra; así como también La golondrina (del veracruzano Narciso Serradell Sevilla) y Vaya con Dios (una canción norteamericana escrita originalmente en inglés por Larry Russell, Inez James y Buddy Pepper).

Sin embargo, una de las más populares fue Cachito, (de la compositora mexicana Consuelo Velasquez), que hizo que muchos padres de entonces, como Leopoldo Maler, llamaran y cantaran a sus hijos cuando pequeñitos «Cachito, Cachito, Cachito mío, pedazo de cielo que Dios me dio…».

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