SD. Quizás fuera verdad la leyenda del muchacho guardián de cabras que todas las noches contaba las que entraban en el establo y todas las noches tenía que esperar la última, una pequeña cabrita, blanca con manchas negras, que llegaba regularmente atrasada pero con brillante energía.

Antigua imagen de la vendimia (Fuente Externa)

Y fue por curiosidad que una tarde mucho antes del retorno programado al establo, la siguió hasta una caseta derrumbada y aislada dónde los campesinos guardaban la cosecha de un fruto poco conocido pero muy sabroso: la uva.

La cabra entró y con movimiento seguro encontró una vasija con un liquido resultante del aplastamiento de la uva. Probando el líquido, el guardián pensó que era muy bueno, probando otra vez descubrió que era embriagador, daba alegría, hacia todo más fácil: la uva se había fermentado y ahora tenia varios grados alcohólicos. Era el vino iniciando su historia por cuenta propia, accidentalmente.

En los siglos siguientes muchos experimentos fueron hechos con las uvas, pero la primera cosecha de un viñedo resulta en el año 3,000 antes de Cristo, en las fértiles de tierras regadas por el Tigris y el Eúfrates en el Oriente Próximo, en la antigua Mesopotamia.

En ese período los egipcios preparaban cerveza, bebida que era consumida por todos los estratos sociales con predilección en los más populares.

Vendimia (Fuente Externa)

El vino entró con prepotencia siendo consumido por los altos dignatarios, sacerdotes, faraones, los cuales eran enterrados con vasijas de barro que contenían vino. Se han hallado grabados que simbolizan el cultivo de la vid, la recolección y la elaboración. 

Es curioso observar que ya en esta época el vino se guardaba en ánforas durante varios años, teniendo más valor el vino viejo que el nuevo. Los alfareros grababan en las ánforas destinadas a la guarda del vino quién había cultivado las uvas, la fecha de elaboración y la calidad del mosto.

En el 700 antes de Cristo el vino entró en la Grecia antigua que gracias a su característica tierra rocosa producía una uva dulce y llena de sabores.

Los griegos amaron el vino, le dedicaron una divinidad, lo curaban en contenedores de varios tamaños propios para evitar que se dañara, importaban vino de Palestina y Líbano, vino que solo la clase alta podía costear. Tiempo después entró en Roma, la Roma del imperio, la Roma Caput Mundi, la Roma de los Baccanalis.

Aún en algunos sitios de Grecia se utiliza este método para majar las uvas y hacer el vino (Fuente Externa)

La embriagadura del poder por ser el más grande, se casó con la embriagadura del vino, las fiestas, las riquezas infinitas que llegaban a cada conquista. El vino fue curado, amado, venerado. El dios Dionisio, el dio de los griegos, se transformó en Bacco y bajo la sombra de Bacco se cometieron todos los pecados posibles: el vino hizo fácil nublar muchas consciencias, abriendo disponibilidades libertinas para todos.

Roma tuvo el merito de llevar la vid en todos los rincones del imperio, haciendo en manera de mecanizar la siembra y recolección, democratizando un líquido precioso y llevándolo de verdad a la portada de todos. 

Ellos inventaron el sistema de clarificación del vino, (el vino blanco se servía en copas de cristal en las casas de los nobles) las tapas herméticas para preservarlo intacto por años, la guarda en cuevas particulares y profundas y el uso del vino para cocinar.

Alemania, Francia y España deben su producción actual de vino a la cultura romana del imperio, que ocupaba sin invadir, y colaboraba con las poblaciones locales. Cuando llegó el fin del imperio, en el 500 después de Cristo, una gran parte de los viñedos, campos, cultivos fueron destruido por los bárbaros y la cultura del vino se diluyó…

La Edad Media encontró viñedos reducidos a pequeñas parcelas propiedad de la iglesia católica y nobles. Los conventos y los castillos eran, con su subterráneos, sitios ideales para la guarda del vino. España, con los reyes católicos, fomentó con Italia y Francia, una recuperación de la vid. Con el descubrimiento el vino cruzó los mares y poblaciones de esta parte del mundo pudieron probar el ¨néctar de Dios¨ (frase de Marcus Apicius en el 80 a.c.).

Y llego la filoxera: en 1865, este insecto que se alimenta de las raíces de la vid, llega desde las plantaciones de Estados Unidos y se propaga con tal rapidez que se convierte en epidemia. Toda Europa sufre la devastación, quedando sus viñedos prácticamente diezmados. Pero las cepas que habían llevado los misioneros a América resistieron la enfermedad. La recuperación fue lenta pero segura con las inserciones de híbridos en la vides enfermas.

Hoy en día el vino no tiene límites, se cultiva a lo largo y ancho del mundo, las técnicas de tratamientos de la vid y naturalmente de la uva son muy avanzadas, casi perfectas. 

Los costos bajan y el vino esta a la puerta de todos, o mejor dicho, en la mesa de las mayorías: el vino democratizo el mundo!

(Elatico37@gmail.com)

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