Francisco Ayala en imagen de la Fundación Lilly (Fuente Externa)

SD. Que sí, que es la época del maccarthismo feminista por no me des ese besito. Es lo que le sucedió al escritor dominico americano Junot Díaz, y puede haberle sucedido a Francisco Ayala, un científico reconocido mundialmente por sus investigaciones sobre la evolución humana, quien acaba de ser expulsado de la Universidad de California.

Reitero que estoy absolutamente de acuerdo cuando se trata de una violación, de una grosería de marca mayor, de una agresión a la integridad física y moral de alguien. Pero no porque algún patán trate de enamorar a alguien e incluso a pensarse que alguna fémina debería corresponderle. La agresión contra una mujer es imperdonable. Y no parece ser el caso del profesor Ayala.

El reconocido investigador ha dicho a Los Angeles Times que “lamenta profundamente que lo que siempre había considerado que eran buenos modales de un caballero europeo —saludar de forma calurosa a las compañeras, con un beso en ambas mejillas, felicitarlas por su belleza— hiciera que se sintieran incómodas colegas a las que respeta”. Agregó “que no fue su intención hacerlo” y que respeta demasiado a la institución como para seguir defendiéndose con apelaciones y demandas, por lo que dice que seguirá con su investigación en otro lugar.

Cuatro mujeres de la comunidad universitaria denunciaron a Ayala —uno de los máximos especialistas mundiales en Biología evolutiva— ante la Oficina de Igualdad de Oportunidades y Diversidad (OECD, en inglés) de la universidad. Ellas son Kathleen Treseder, catedrática de Ecología y Biología evolutiva, Jessica Pratt, profesora asistente, Benedicte Shipley, decana adjunta, y la estudiante de doctorado Michelle Herrera.  Las denuncias fueron hechas en noviembre del 2017, entonces la universidad abrió la investigación contra Francisco Ayala. En esa inquisición entrevistaron a 70 testigos.

Según el rector Howard Gillman: “El comportamiento del profesor Ayala desafió nuestras creencias fundamentales y fue inconsistente con nuestras políticas, pautas y capacitación requerida”.

“Dada la cantidad y la amplitud de las acusaciones fundamentadas, y las diferencias de poder en juego, decidí que mantener el nombre del profesor Ayala en una posición honorífica sería un error”, agregó.

Uno enseguida se imagina al profesor Ayala sacándose el miembro viril en plena clase, o violando a alguna o a las cuatro mujeres que lo denunciaron. Si fuera así, seguramente hubiesen abierto un expediente criminal en su contra y lo juzgarían.

La realidad parece ser que el veterano científico es de esos ejemplares de macho ibérico que sigue siendo fiel a la galantería, y por qué no, a tratar de ligar, probablemente. Y en esos casos, siempre las mujeres tienen herramientas para detener al más ligón de los ligones. Tal parece que ha sido un enfrentamiento de feministas contra el viejo ejemplar de macho ibérico.

De cualquier modo, el rectorado de la Universitat de les Illes Balears (UIB) para no quedarse atrás, propondrá en su próximo consejo, previsto para el mes de julio, despojar del doctorado honoris causa al científico Francisco Ayala, tras conocerse su expulsión de la Universidad de California en Irvine (UCI).

Ayala, con toga y birrete de la Universidad de las Baleares (Fuente Externa)

Datos sobre Ayala

Nacido en Madrid en 1934, licenciado en Física y Teología, doctorado en la Universidad Columbia en 1964 y ex fraile dominico, Francisco Ayala fue presidente de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. Sus investigaciones en el orden de la evolución son mundialmente conocidas. La institución académica decidió retirar el nombre de Francisco J. Ayala, de 84 años de edad, de la Facultad de Ciencias Biológicas, de la Biblioteca Central de Ciencias, y de los programas de becas, entre otras medidas disciplinarias. Además de su carrera docente e investigadora, Ayala había donado millones de dólares a la institución académica, que había decidido homenajearle poniendo su nombre en diferentes centros e iniciativas. La renuncia de Ayala, según explica el alto centro docente en un comunicado, se produciría a partir de este domingo 1 de julio de 2018, fecha a partir de la cual “se abstendrá de participar en actividades universitarias”.

El también ex asesor del gobierno de Bill Clinton, formó parte de los impulsores del Proyecto Genoma Humano. Había recibido numerosos reconocimientos, como la Medalla Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Hace dos años durante una entrevista en su España natal, Ayala afirmó: “La evolución biológica es más consistente con la religión cristiana que el creacionismo. Si Dios nos hubiera diseñado como somos –que es lo que los creacionistas piensan–, tendría que dar cuenta de por qué el sistema reproductivo de las mujeres está tan mal diseñado que el 20% de todos los embarazos termina en aborto espontáneo. O sea que el creacionismo estaría echando a Dios la culpa de unos 20 millones de abortos por año. Eso es una blasfemia, y no es su intención. Sin embargo, si somos el resultado de una evolución natural, eso solo supondría que unos organismos funcionan mejor que otros y por eso sobreviven”.

El eminente científico ahora defenestrado, dijo también en esa ocasión sobre el cáncer, entrevistado por la agencia Sinc.es: “El cáncer son muchas enfermedades, por lo que habrá que buscar varias curas. Algunas ya se han encontrado y otras se empiezan a descubrir. Ahora se eliminan enfermedades mortales y se alivian las secuelas de otros defectos genéticos por medio de terapias y buena alimentación. Y gracias a esto, aumenta el promedio de vida. No se trata de que los humanos posean genes que les permitan vivir más, lo que tenemos que hacer es curar las enfermedades genéticas para que la gente pueda vivir más. Pero no añadir genes que aumenten la esperanza de vida, porque no hay razón para esperar que eso se pueda hacer. Son cosas demasiado complejas para que las podamos manipular, al menos en el estado actual de la ciencia”.

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Alfonso Quiñones (Cuba, 1959). Periodista, poeta, culturólogo, productor de cine y del programa de TV Confabulaciones