SD. República Dominicana y Haití se aman y se odian con idéntica fuerza.

No existen sobre la faz de la tierra dos países más diferentes en cuanto a cultura, tradiciones, idioma, forma de ser e historia.

Una enconada campaña internacional en forma de persistentes jabs (para hablar en términos boxísticos), pone a República Dominicana siempre contra las cuerdas, en un combate donde aparece como el Abusador, mientras el Abusado hace trampas, da golpes bajos, se hace el muerto.

Y claro, siendo como es el país más pobre del hemisferio y uno de los países más pobres del mundo, todo el mundo le toma lástima. No es para menos.

Pero no fue República Dominicana la culpable de los niveles de extrema pobreza que persisten en el pueblo haitiano. Ni tampoco sus gobernantes, ni los gobernantes haitianos (que sí tiene su culpita), sino los países poderosos que esquilmaron al país vecino.

El pasado 3 de abril, el periódico El País, de España, ha publicado otro artículo perverso contra República Dominicana. Es una opinión a la firma de la articulista dominicana Elissa L. Lister, desde Medellín, Colombia, donde es profesora.

El artículo comienza con este párrafo: “Las raíces de la discriminación racial en República Dominicana son profundas. Ellas pueden reconocerse en diversas formas de genocidio, desde los asesinatos en masa a las estrategias de aniquilación civil promovidas por una legislación racista que niega el derecho a la ciudadanía a miles de dominicanos y dominicanas”. (https://elpais.com/elpais/2018/04/02/contrapuntos/1522702455_557765.html)

Escrito así, ni Hitler y la Alemania fascista son nada comparadas con la actual República Dominicana.

La CLACSO o el Consejo Latinoamericano de las Ciencias Sociales había hecho una declaración de su Comité Directivo y Secretaría Ejecutiva el 30 de marzo, que terminaba con un párrafo que era un bizcocho: Expresamos nuestra solidaridad y apoyo incondicional a las organizaciones y movimientos que luchan por hacer de República Dominica una tierra generosa, justa y diversa, democrática y acogedora. Una República Dominicana libre de las políticas de odio y racismo que han llevado a negar derechos fundamentales a miles de sus ciudadanos y ciudadanas.

Una historia que se repite

Hace casi tres años, el 16 de junio del 2015, el Washington Post publicó un artículo perverso contra República Dominicana en semejante tono. (http://www.washingtonpost.com/blogs/worldviews/wp/2015/06/16/the-bloody-origins-of-the-dominican-republics-ethnic-cleansing-of-haitians/).

“Hubo un momento en que la división entre los dos países se elaboró con sangre: la ‘masacre del perejil’ de 1937 es ampliamente considerada como un punto de inflexión en las relaciones haitiano-dominicanas. La masacre llevada a cabo por el dictador dominicano Rafael Trujillo, dirigida hacia los haitianos, así como a los dominicanos que parecían lo suficientemente oscuros para ser haitianos – o cuya incapacidad para rodar la “r” en perejil, la palabra española para el perejil, impuso la distancia”, decía el Washington Post.

El 17 de junio del 2015 escribí estas líneas, que hoy vuelven a ser necesarias:

“Es cierto eso que dice el Washington Post, solo que es solamente una parte de la verdad. Falta la otra.

El 1 de enero de 1804, mientras Jean-Jacques Dessalines proclamaba la independencia de Haití, comenzó en Santo Domingo el periodo francés, bajo la administración de Louis Marie Ferrand. En 1805, Henri Christophe y Dessalines tomaron la ciudad de Santiago y después se dirigieron a Santo Domingo con un numeroso ejército, pero ante la resistencia de Ferrand se vieron obligados a retirarse. Durante la retirada, numerosos pueblos de las bandas sur y norte se vieron reducidos a cenizas, y los habitantes que no pudieron huir a tiempo fueron masacrados.

En ese momento comenzó todo. Los degollamientos en Santiago de los Caballeros y en Moca estuvieron a la orden del día en 1805.

República Dominicana alcanzó la primera independencia en 1821 pero fue tomado rápidamente por Haití en 1822… Todos los niveles de la educación se desplomaron, la universidad fue cerrada, ya que los hombres jóvenes dominicanos de 16 a 25 años de edad fueron reclutados por el ejército haitiano, además fueron privados de alimentos.

La ocupación de las tropas de Boyer, que eran en gran parte dominicanos, quienes no recibían paga tuvieron que dedicarse a saquear a los civiles dominicanos. Haití impuso un tributo al pueblo dominicano.

Muchos huyeron de Santo Domingo a Puerto Rico y Cuba (ambos aún bajo el dominio español), Venezuela y otros países. Al final, la economía y la fiscalidad se hicieron más onerosas.

Con la llegada de Boyer a la parte oriental de la isla se abolió la esclavitud y se planteó una profunda reforma agraria. También se impuso el Código Rural, el cual prohibía que los antiguos esclavos salieran de las propiedades de sus amos sin el permiso del dueño y de las autoridades haitianas, efectuando así la nulidad de la liberación de los esclavos.

Además que el Código Rural de Boyer tenía implicaciones para la población de color dominicana que era libre, la cual era la mayoría de la gente de color, por lo que aumentó el descontento del régimen boyerista entre los dominicanos de todos los colores y clases.

Con esto se da inicio a la Dominación Haitiana, el 9 de febrero de 1822. En la parte oeste de la isla se inician conspiraciones contra Boyer a partir de 1827, las que obligan a que salga al exilio en enero de 1843”.

Los haitianos ingresan en masa diariamente a lo largo de la frontera (Fuente Externa)

Campaña antidominicana
Este es el país más hospitalario y solidario del mundo.

El 13 de enero del 2010 La Hispaniola se estremeció por completo. En Haití ocurrió un terrible terremoto de 7 grados en la escala Richter, que despertó de inmediato la pasión solidaria de los dominicanos en uno de los gestos más hermosos que un país haya hecho por otro en la historia contemporánea.

Enseguida toda la infraestructura del país, desde los aeropuertos y las carreteras, las casas y los recursos del Estado se pusieron en función de nuestros hermanos haitianos.

Soy testigo de eso. Para que se tenga una idea (estuve en Haití al tercer día del terremoto), en la fronteriza población de Jimaní, el presidente Leonel Fernández mandó a habilitar el cuartel militar del pueblo, junto al helipuerto por donde entraron las primeras ayudas al país, una Presidencia para que el gobierno haitiano pudiera continuar funcionando y coordinando las acciones de salvamento. Allí ondeaban dos banderas, la de RD y la de Haití. Y había hasta un sillón presidencial.

Dos años después, el 12 de enero de 2012 se inauguró la Universidad Henri Christophe, construida por el gobierno de la República Dominicana, en conmemoración de la tragedia del Terremoto de Haití de 2010. La universidad cuenta con una capacidad para unos 12 000 estudiantes aproximadamente, y fue construida en la comunidad Limonade, Cabo Haitiano, con una extensión de 144 mil metros cuadrados. Fue erigido con una inversión conjunta entre el Estado y el sector privado dominicanos, de un monto de 50 millones de dólares estadounidenses.

Esa universidad, un esfuerzo sin dudas de muy buena voluntad, fue echar dinero en saco roto.

Por aquellos días, el 20 de enero del 2012, la poeta Chiqui Vicioso escribió enardecida en El Nacional:

“Habría que menospreciar  a la intelectualidad haitiana para no entender el metamensaje  del nombre que eligieron para la primera universidad donada  por nosotros a su país, porque la biografía  de  Christophe, que todos los y las que leemos conocemos  es la de El Reino de Este Mundo (1949), del inmenso Carpentier,  que narra  la historia de un cocinero de la ciudad del Cabo, que se alza con el poder por el cual ha sido deslumbrado desde muy joven, e instala una mala copia de la Corte Napoleónica.  Allí encontramos a “jóvenes capitanes de bicornio (a lo Trujillo), libreas doradas, relucientes uniformes y botas de charol”.

La intelectualidad haitiana sabe que el único líder haitiano con prestigio en la región, además de los históricos autores de la primera Revolución Negra del Nuevo Mundo, es Petion, quien apoyó las jornadas libertarias de Bolívar, financiándole el regreso , las armas  y solicitándole algo que Bolívar tampoco pudo cumplir:  “libertar los esclavos doquiera que independizara una nación”.  Difícilmente, podía esa intelectualidad  apoyar el nombre de Christophe, para la universidad, quien restauró la esclavitud, sobre el de Petion, si no hubiera antepuesto su resentimiento contra nosotros, a la ocasión.  Un resentimiento en no marxistas, porque lo que esa intelectualidad tradicional insiste en ignorar es el papel de su propia oligarquía en la tragedia que abate a Haiti”.

Documentados e indocumentados

No estoy de acuerdo con la deportaciones de los que hayan nacido aquí y ni siquiera han estado nunca en Haití. Pero creo que es lógico e imprescindible que el país ponga sus reglas migratorias y que -como todo país minimamente organizado- instrumente el registro y documentación de los extranjeros que residen en el país.

Mucho menos puedo estar de acuerdo con escenas de violencia que se repiten de vez en cuando por parte de dominicanos contra haitianos y de haitianos contra dominicanos. Por ejemplo, ¿es o no es violencia de estado que las autoridades haitianas hagan caso omiso a la solicitud de apresamiento del ciudadano haitiano que cortó los dos brazos a machetazo a una adolescente dominicana porque esta se negó a ser su novia? ¿O la enorme cantidad de casos de ciudadanos haitianos que han asesinado a ciudadanos dominicanos en actos horribles y luego huyen a su país y no pasa nada?

Hace pocos días he visto una larguísima lista de nacionales haitianos, diría que más de 500, haciendo filas en Migración, desde muy temprano en la mañana, para regularizar su situación y ese es un excelente paso.

El mundo desconoce estas cosas

A veces siento que al gobierno de Haití le es muy cómodo hacerse la mosquita muerta, sencillamente no documentando a sus nacionales. Así es muy cómodo, y además, echándole la culpa a República Dominicana. Me temo que el dinero que pueden haber dado algunos países, si es que lo han dado para eso, ha ido a dar a algunos bolsillos, pero no a la necesaria documentación de los haitianos, que en este caso son el jamón del sandwich. Porque mientras por un lado unos tratan de regularizar su situación, las mafias cuelan a cientos diariamente por cualquier parte de la frontera más transparente del mundo.

Siento que República Dominicana no ha sabido defender e imponer su verdad en la arena internacional, salvo honrosas excepciones como aquella memorable intervención del presidente Danilo Medina en Cuba, durante la cumbre del CELAC donde le salió al paso al primer ministro de San Vicente y Granadinas, Ralph Everard Gonsalves.

Creo también que el gobierno dominicano ha tenido que contar hasta mil en más de una ocasión, por tantas escaramuzas cometidas contra nacionales dominicanos en territorio haitiano, que tienden a fomentar la animadversión, el odio y una guerra entre ambos países.

El colmo es que por aquellos días del 2015, Haití había vetado la entrada de huevos dominicanos al país (claro que es su derecho), porque un periódico estadounidense había escrito falsamente que en el país había fiebre aviar.

Cada vez que pueden tratan de cometer ese tipo de encontronazos para desangrar económicamente a República Dominicana.

Es cierto también que estos desencuentros han sido de lado y lado. Se ha dado el caso de intentos de linchamientos a nacionales haitianos indocumentados en determinadas zonas del país, porque un haitiano ha cometido un crimen contra una dominicana o un dominicano.

Según el Washington Post “Cassandre Teano, un oficial jurídico de las Open Society Foundations con sede en Nueva York, dijo que las comparaciones entre las acciones del gobierno dominicano y la desnacionalización de Judios en la Alemania nazi se justifican.
Al pedirle que explicara la comparación, Teano dijo que podía ver por qué ciertos grupos o personas sentían de esa manera porque la negación de la ciudadanía fue uno de los primeros actos perpetrados contra Judios en la Alemania nazi”.

No dicen lo mismo contra las deportaciones masivas diarias de Estados Unidos (se estima que unas 5,000 personas son deportadas diariamente de su territorio, según dijo en la TV Dominicana el abogado José Ricardo Taveras), quien fuera como director de Migración de República Dominicana hasta inicios del 2015.

Diferencias
Mucha gente no entiende las diferencias culturales, idiomáticas, y de todo tipo, entre los haitianos y los dominicanos. Ni conocen los antecedentes históricos entre ambos países. Ni sus desencuentros; de los crímenes cometidos por los haitianos contra los dominicanos desde tiempos de Dessalines, de los crímenes cometidos contra los haitianos en tiempos de Trujillo. Y los ires y venires cotidianos de dos países que están obligados a convivir en una isla no muy grande.

A cada rato en algunas publicaciones periódicas o académicas sale a relucir la peregrina teoría de unir ambos países que comparten una sola isla. Quienes se prestan para este tipo de elucubraciones desconocen las características de cada nación, sus costumbres, sus orígenes, sus culturas, sus realidades.

La diáspora haitiana representaba en el 2015, según datos oficiales, el 12% de la población de la República Dominicana, y el 25% de la fuerza laboral total, destacándose en los sectores de la agricultura y la construcción, donde representan el 60% y el 80% de la fuerza laboral respectivamente.

Luego del terremoto del 2010 unos 200.000 haitianos habrían entrado al país solo en los 10 meses posteriores.

En 2012, el Instituto Nacional de Estadísticas de la República Dominicana realizó la primera encuesta de inmigrantes y encontró que había al menos 668 145 inmigrantes haitianos de primera o de segunda generación (apróximadamente el 7% de la población del país), es decir, que trata de solo inmigrantes e hijos, no incluye nietos ni bisnietos que podrían no tener un estatus legal en el país.

Se hace necesario que la comunidad internacional comprenda a profundidad las medidas del gobierno dominicano. Para ello, deberán poner al máximo los esfuerzos, en pos de explicar al mundo la verdad dominicana.

Es injusto que al país más hospitalario del mundo se le juzgue sin conocer su realidad, su historia y sus necesidades. Muchos me criticarán, otros estarán de acuerdo conmigo. Esta es mi opinión con absoluta honestidad.

La solidaridad y la amistad se levanta con pequeños gestos diarios. De esos buenos ejemplos sobran. Por ejemplo el 20% de los recursos del Ministerio de Salud de República Dominicana se gastan en la atención de las mujeres haitianas que diariamente son traídas a parir al país.

Recuerdo cuando el terremoto de Haití que el merenguero Rubby Pérez, alquiló una casa con enfermera, alimentos y todo lo necesario, para atender a decenas de haitianos que salían de los hospitales dominicanos, reventados de pacientes traídos desde el vecino país, y ni siquiera tenía familiares que los apoyaran.

Pero de estas cosas ni CLACSO ni la articulista Elissa L. Lister, ni Washington Post dicen nada. Solo ven una cara de la moneda. ¡Y así, es muy fácil…!

Esperamos tu comentario

Alfonso Quiñones (Cuba, 1959). Periodista, poeta, culturólogo, productor de cine y del programa de TV Confabulaciones