MIAMI. El director norteamericano Spike Lee (“Do the Right Thing”, “The 25th Hour”) cuenta  en BlacKkKlansman la increible pero cierta historia de Ron Stallworth, un policía negro que se infiltró en el Ku Klux Klan en la década de 1960. Para empezar, es una película fuertemente inspirada en la blaxploitation, que cuenta la mayor cantidad de historias posibles sobre el primer (y único) miembro negro del Ku Klux Klan.

Stallworth es el novato y primer policía negro en Colorado Springs, que se abre camino rápidamente y aterriza en la unidad encubierta. El camino hacia él está plagado de hostilidad racista por parte de algunos miembros de la fuerza, pero también encuentra aliados. Su primera tarea es en una conferencia de Kwame Ture, alias Stokely Carmichael (Corey Hawkins), un ex Black Panther. En un discurso detallado, que también se dirige claramente a la audiencia, habla de amarse a sí mismo como un hombre negro y no dejarse convencer de que uno es inferior. Kwame pide resistencia abierta y armada si es necesaria. Esto abre otro nivel de participación política personal para Ron Stallworth, y se encuentra con la líder estudiantil y activista Patrice (Laura Harrier), de la cual se ha enamorado.

Ron inicia su propia iniciativa de infiltrarse en el Ku Klux Klan local comunicándose con ellos por teléfono, incluso llegando a conversar con David Duke (Topher Grace), el Gran Mago.

Su presencia física la representa su colega judío, Flip Zimmerman (Adam Driver), para completar la misión. Gracias a la elocuencia telefónica de Ron, llega de pronto al corazón de todos dentro de la organización y convence a sus superiores de su plan, donde se enfrenta no solo con el odio masivo de los afroamericanos, sino también con el antisemitismo extremo, la misoginia y la homofobia.

Félix (Jasper Pääkkönen), el más extremista de los miembros, no confía en “Ron” y quiere forzarlo a una prueba de polígrafo a punta de pistola porque (correctamente) sospecha que “Ron” es un judío.

 Con las discrepancias que se presentan aquí, Spike Lee, juega con el ritmo narrativo como todo un maestro, no solo en el uso explícito del lenguaje, sino también, una y otra vez, con otros elementos que son francamente “slapstick” (uno de los miembros del clan, incluso se ve como Oliver Hardy).

La situación llega a un punto alto, cuando David Duke quiere personalmente bautizar a “Ron” dentro del KKK y es allí cuando Lee comienza con un montaje en paralelo de dos rituales. En una de mis secuencias favoritas, hay una introducción con gritos de “White Power” por parte de KKK mientras ven la película de D.W. Griffiths “El nacimiento de una nación” de 1915, que resucitó  y le dio un nuevo valor al hundido Klan de la época. Mientras comían palomitas, la audiencia grita y celebra como si su equipo acaba de ganar el Super Bowl.


Paralelamente a esto, Lee presenta una reunión del grupo opuesto donde Harry Belafonte, cuenta la verdadera historia del espantoso linchamiento, tortura y asesinato de su mejor amigo en frente de un grupo de estudiantes afroamericanos. El contraste de narrativa, color e imágenes, debe ser sin dudas, una de las experiencias más emotivas que he vivido en mucho tiempo.

El nacimiento de una nación fue un éxito absoluto en su lanzamiento, ajustado a la inflación, se ha estimado en el equivalente de US$1.8 mil millones registrados (y casi exclusivamente en los Estados Unidos). Pero esta táctica funciona, por supuesto, no sólo cuando se trata de ventilar el odio de un pueblo, funciona también si lo que deseas es sacudirlo y despertarlo. Estoy seguro de que Lee logrará ambos sentimientos cuando la película se estrene de manera comercial.



Intelectualmente, los paralelismos con la situación actual son muy claros. Y sin embargo, es de nuevo un golpe emocional en el estómago cuando Lee presenta la secuencia final de la película. Una poderosa declaración de cierre, donde la tensión será sentida en toda la sala. Sin embargo, un rayo de esperanza también se presenta: Con la muerte de una de los manifestantes, Lee dedica su película a la fallecida con una hermosa frase de cierre.

Al final queda la pregunta “¿y ahora, que es lo próximo?” Es el gran quid de esta película, y la pregunta permanece en cuanto a lo que Spike Lee realmente quiere decir, y lo que él quiere hacer.

¿Dónde está el enfoque progresivo, productivo, pragmático que va más allá de señalar, más allá de enfurecer? Habrán muchas personas enojadas de ambas corrientes ideológicas, pero eso no cambiará la situación.

¿BlacKKlansman hace más que simplemente repetir las historias que Spike Lee siempre ha contado en sus películas? La triste verdad es que sí, es el mismo discurso, excepto por una estructura repetitiva que Lee captura al final con imágenes documentales. Pero incluso este giro se siente extraño.

Acabamos de reírnos como locos al ver a Ron como un policía encubierto, que tiene una conversación final por teléfono con David Duke. Cuando vemos estas secuencias, caemos en la cruda realidad de que aun hay gente muriendo por los mismos motivos por los que Harry Belanfonte perdió a su mejor amigo hace más de 90 años.

Y la única oposición de Lee, excepto las imágenes y las estructuras narrativas de su película, es el uso especialmente de la propaganda. Este es el camino que todos los demás deben seguir, es una cuestión de actitud hacia la política, el cine, la vida. Eventualmente, se mostrará la historia por sí misma. Pero parece extraño, BlacKKlansman  funciona en el sentido de su propio análisis político como un entretenimiento que invita a la reflexión del mundo y sus ideales.

Nunca sabremos cual es el bando correcto.

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Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.